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Desastres naturales

La tragedia japonesa conmueve y mueve a la reflexión. La naturaleza nos recuerda que su fuerza nos supera. El ser humano ha logrado desarrollar el conocimiento hasta extremos que hasta hace poco parecían imposibles y en algún momento se ha sentido verdaderamente dueño de su mundo y ha creído que no había límite. Pero, cuando la naturaleza se manifiesta, el ser humano vuelve a su actitud primigenia. El miedo y el asombro del primer hombre que vio el fuego en la noche de los tiempos seguramente fue igual al miedo y el asombro del último hombre que vio llegar la ola gigantesca, el tsunami brutal, que arrasó la costa japonesa y se llevó todo, hasta la certeza de nuestro dominio del planeta. Los terremotos han causado el mismo temor desde siempre. Contra la fuerza original de nuestro mundo no somos, verdaderamente, nada.

Por eso, aunque el avance científico nos permita controlar la energía nuclear, por ejemplo, nuestra condición insignificante en el cosmos nos impide mantener este control ante la fuerza ingobernable de la naturaleza.

La catástrofe nipona debe hacernos reflexionar. Si está claro que no somos, ni seremos jamás, dueños de nuestro destino, deberíamos preocuparnos más del presente. Si mañana podemos desaparecer de la faz de la tierra, si, como los Buendía de Macondo, solo tenemos una oportunidad en este mundo, deberíamos de aprovecharla al máximo, Vivir como San Francisco de Asís, deseando poco y deseando poco ese poco, que es la fórmula de la felicidad.

Pero hay otras fuerzas de la naturaleza, las consustanciales al ser humano, que tampoco parecen ser controlables: la avaricia, la envidia, la mezquindad. Son, también, catástrofes naturales.

Así que ustedes perdonaran este texto ingenuo que no va ningún lado; ha de ser por causa del paso del tiempo, por la certeza de que ya es más lo que se fue que lo que viene y la tristeza de ver a los molinos aún erguidos mientras las lanzas rotas se acumulan.

Por lo pronto solidaridad con el Japón y con todos los que sufren sin que podamos hacer nada. Y sigamos cabalgando.

Foto:  lamaría y elgonzalo

José Luis Pandal

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José Luis Pandal

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El comentario ácido, irónico, informado y puntual de José Luis Pandal, que aborda temas políticos y de la vida cotidiana.

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