melna[dropcap]G[/dropcap]randes batallas se han desatado para detener a líderes malhechores, a rufianes consagrados y a maleantes. Pero nada es comparable con el operativo quirúrgico, detallado y definido que tienes que implementar para atrapar y exterminar un incómodo, jodón e indestructible pelito en la nariz. Se trata de un aguerrido rival. Se esconde, estoy seguro que se ríe y divierte con las imponentes pesquisas para terminar con él.

Se oculta y cambia de lugar como los más célebres y buscados narcotraficantes en la historia del mundo. Cuando crees que lo tienes rodeado y que nada impedirá su caída, desaparece. No puedes ni espejear porque lo perderás de vista y tendrás que simular que la búsqueda terminó y que la paz ha vuelto, para que se vuelva a asomar.

Y ahí estás, frente al espejo mirando disimuladamente hacia el techo, en la pose del que dice «ya lo ven, pues soy así», cuando el mequetrefe pelo se vuelve a colocar en la posición que estaba.

[quote]El dolor llega hasta lo más recóndito, profundo y oscuro de tu ser. Una tímida lágrima rueda por tu mejilla, señal indiscutible de que estás llorando.[/quote]

Decides que no habrá marcha atrás. Estás decidido a «terminar el problema de raíz«. Cueste lo que cueste. Como sea, no importa, o como dicen los futbolistas «nice» «sí o sí». En toda guerra hay víctimas colaterales. No será la excepción.

Lo rodeas, crees que lo atrapaste. Sabes que tienes a sus cómplices con él y aunque no vas por ellos, no importa. Decides, con la valentía de un guerrero y la gallardía de policía inglés, arrancarlo, terminar con su miserable existencia.

Te decides y lo haces. El dolor llega hasta lo más recóndito, profundo y oscuro de tu ser. Una tímida lágrima rueda por tu mejilla, señal indiscutible de que estás llorando. Pero eso no te detendrá. El fin lo justifica todo. Revisas y cuentas que son cinco cadáveres, ¡cinco! el dolor de un parto para traer al mula mundo a un gordito de cuatro kilos te parece nada ante lo que acabas de vivir.

Terminar con la incomodidad y molestia del fregado pelito, lo vale. Y cuando todo parece haber terminado y como si se escuchara la risa de un maleante, vuelves a sentir cosquillas. Descubres que ahí sigue, como si nada hubiera pasado. Las bajas en su batallón parecen no importarle. Él ha vencido.

La determinación es tu aliada. Lo tienes que lograr. Repites la operación. Así, van cayendo sus soldados, de a tres o cinco, te vuelves un lobo cazando a su presa. Tu nariz ya está más calva que el «Chelis» y ya parece tobogán de Tepetongo.

El cansancio llega. Te has dado por vencido. Pero revisas el lugar y todo parece indicar que entre esas decenas de víctimas, va el desgraciado que tuvo la mala suerte de quitarte la paz. Dejas que todo vuelva a la normalidad. Lo lograste, ha caído. Pero así como terminan con un criminal, no con el crimen, regresará. Lo sabes y te alistas para la siguiente batalla.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here