La información es un negocio antiguo que nace de la necesidad humana de saber. Desde los juglares de hace siglos que vivían de divertir, entretener e informar a los ciudadanos hasta los modernos medios masivos de comunicación, el informador y el empresario coinciden en el desarrollo de este negocio. Unos tratando de investigar, descubrir y comunicar lo que parece interesante, divertido o necesario y otros queriendo hacer dinero a través de la divulgación de lo encontrado por los investigadores..
Como consecuencia de sus fines divergentes, los periodistas y los editores suelen chocar de cuando en cuando pero si la sociedad en que viven es democrática, acaban conciliando intereses por mutua conveniencia. Solo cuando factores ajenos -gobierno, iglesias, monopolios, por ejemplo-  intervienen, la conciliación es imposible.
En México, las instituciones políticas que han perdido tanta credibilidad están arrastrando a los medios de información en un afán de sobrevivir en la forma pero a costa de destruir el fondo del pacto social.
Creo que la necesidad de información verdadera sobrevivirá a estos afanes y que tenemos a la vista como lo hará.
En los medios digitales, sin duda.

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