El pasado fin de semana me asomé a una cinta mexicana, y a una estadounidense con una mexicana. Me refiero a Camino a Marte –de Humberto Hinojosa Ozcariz— y a Una cena incómoda (Beatriz at dinner), del nacido en Puerto Rico Miguel Arteta, con Salma Hayek en el primer crédito. Las dos tienen méritos suficientes, sin llegar a ser por completo redondas. Camino a Marte es una road picture sobre la escapada de dos “mejores amigas” —Emilia y Violeta (Tessa Ia y Camila Sodi)– por las playas y los paisajes de Baja California. Sin expresarlo abiertamente, saben que es una especie de gozo final para Emilia, que está enferma y consciente de que sus días están contados. Al inicio del viaje, las chicas encuentran a un joven (lo llaman Mark; Luis Gerardo Méndez) cuyo rasgo más raro no es que traiga un casco que no se quita (más parece de NASA que de Harley-Davidson), sino que afirma venir de otro planeta para el inminente exterminio de la humanidad. A partir de eso, los tres personajes andan juntos los siguientes días, conociéndose, definiéndose y, sí, reconociéndose. Los tres intérpretes son carismáticos, se sienten cómodos juntos y están bien equilibrados por el guion –lo cual suma al film– pero se percibe cierta falta de concreción en la historia, el ritmo incluido, así como explorar más (y explotar mejor) las posibilidades abiertas por los “rasgos” de ciencia-ficción (menores) incorporados a la película. Lo que sí le agradeces a Camino a Marte es la búsqueda de nuevos caminos, para otros horizontes, en medio de un mar de films nacionales que hoy sólo apuntan a –y abusan de– la comedia de enredos.

En cuanto a Una cena incómoda, el show completo es de Salma Hayek. Interpreta a Beatriz, una sanadora sensible y de convicciones, que termina “convidada” a una cena de ricos por el azar de un evento coyuntural: la descompostura de su auto. En esa cena, Beatriz irá escuchando de los poderosos invitados –y descubriendo en ellos– todo eso que detesta y que colisiona con su forma de ser; en especial, las agresiones a la naturaleza, a la vida en ella, la prevalencia del dinero y el perseguirlo sin escrúpulos, aun a costa de los demás y del dolor que pueda provocárseles. Como es demasiado para Beatriz, la chica decide tomar cartas en el asunto, en razón de congruencia y sin espacio para lo políticamente correcto. Una cena incómoda es el resultado de una nueva colaboración entre Miguel Arteta y el guionista Mike White, quienes 15 años atrás regalaron la tan lograda Una buena chica. Aquí no alcanzan ese nivel, pero hay en la película muchos temas para revisar, replantear y reflexionar. Acompañan a Salma en ella –los invitados “genuinos” a la cena– John Lithgow, Chloë Sevigny, Connie Britton y Jay Duplass, entre otros. Vale la pena verla, aun estando a distancia de ser redonda (¿cuándo ha sido “redonda” una cena incómoda?).

Y para finalizar, un comentario sobre el acto conmemorativo en UPAEP, a 21 años de la producción de Salón México (1996), de José Luis García Agraz, convocado por la Licenciatura en Cine de la institución. Estuvieron presentes el director García Agraz y Luis Urquiza, quien fungió como Gerente de Unidad de Producción. En un recinto abarrotado, la cinta fue proyectada. Me sorprendió comprobar que la Salón México noventera no ha envejecido un ápice. El argumento, su atmósfera, sus ambientes, su impacto, siguen ahí con frescura, lo cual es quizá el mejor elogio posible hacia ella. Atribuladas y todo, por la pantalla desfilaron lozanas María Rojo, Blanca Guerra, Edith González, a la vera del enunciado original: En el Salón México, la pasión, el amor y la muerte bailan al mismo compás. Muy grato también fue sentir lo mucho que la cinta gustó a los jóvenes presentes. A partir de eso se “engancharon” por más de dos horas escuchando a ambos invitados recordar todo lo que significó la producción de Salón México: anécdotas, hechos más y menos gratos, encuentros y desencuentros. Una velada de nivel, que agradecimos todos.

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