Hace ocho días, aquí mismo, inicié un intento de balance en busca de los mejores films proyectados durante 2017 –en sala comercial– en Puebla y la región. Desde luego, sólo referido a lo que pude ver, que fueron algo más de cien películas. De esa primera reflexión surgieron 22 títulos, sobre los que hoy amplío un poco. Empiezo por recordarlos, en el mismo (azaroso) orden en que los mencioné la columna pasada: Anestesia, Paterson, La la land, Dunkirk, Aquarius, Manchester frente al mar, Silencio, Baby: aprendiz del crimen, Un amor inseparable, Muerte misteriosa, Blade Runner 2049, El porvenir, Extraordinario, Una bella luz interior, Eso, Voraz, Graduación, ¡Huye!, Un don excepcional, Los pasos de papá, ¡Madre! y Talentos ocultos.

La mayoría de esos títulos proceden de EEUU o del Reino Unido, lo cual no es sorpresa. Las cintas francesas de la lista son El porvenir, Una bella luz interior y Voraz, dirigidas por mujeres: Mia Hansen-Love, Claire Denis y Julia Ducournau, respectivamente. Además se colaron una película rumana, Graduación, y una brasileña, Aquarius. ¿Mexicanas? Una sola, si hacemos caso al hecho de que Silencio, la cinta de Scorsese, se ostenta en IMDb como paisana, de la mano de Taiwán y EEUU (porque hoy casi todo el cine del mundo surge de coproducciones). Fuera de ese “favorzote”, no mucho más; 2017 no fue un año mayor para el cine mexicano, aunque se exhibió más que otras veces.

¿Qué criterios inclinaron la balanza en favor de las 22 películas escogidas? En mi comentario de la semana pasada me referí a cuatro de ellas —Paterson, Aquarius, Un amor inseparable y Muerte misteriosa— haciéndolas referencia en función de algunos de sus méritos. No hay espacio para hacer lo mismo con las otras 18, pero baste decir, en un ejercicio sintético, que todas contaron una historia valiosa en lo esencial –o que al menos valió la pena– con una lograda intención humana y/o social y/o genérica. Cada una distinta (mucho, en ciertos casos) en cuanto a su identidad, sus recursos, sus propuestas y su resonancia, pero entendiendo con parecida certeza lo que significa hacer cine y las responsabilidades que involucra (responsabilidades no siempre tan evidentes).

De entre los 22 que nos ocupan, ciertos films claramente se acercan más a esto. Como los dramas de familia Manchester frente al mar, de Kenneth Lonergan, y Graduación, de Cristian Mungiu; los dramas históricos Dunkirk, de Christopher Nolan, y Silencio, de Martin Scorsese, y el drama social Aquarius, de Kleber Mendonca Filho. Pero igual levantan la mano, buscando reconocimiento –más en el tono de lo que rodea a eso que llamamos la comedia humana— películas como Paterson (su núcleo es un chofer de autobús poeta), de Jim Jarmusch; La la land (la relación “musicada” entre un tipo que ama al jazz y una chica que lo odia), de Damien Chazelle; Los pasos de papá (“mi hijo a punto de entrar a la Universidad y yo que no consigo ser un triunfador”), de Mike White, y Una bella luz interior (a cierta edad, la relación amorosa más como causa que como efecto).

Y también encontró lugar en la lista eso más genérico y/o seminal, a tono con los años clásicos del cine: la ya mencionada La la land (musical); Baby: aprendiz del crimen (thriller/acción), de Edgar Wright; Un amor inseparable (comedia romántica), de Michael Showalter; Muerte misteriosa (crimen/misterio), de Taylor Sheridan; Blade Runner 2049 (misterio/ciencia ficción), de Dennis Villeneuve; Eso (horror), de Andy Muschietti; Voraz (drama/horror), de Julia Ducournau; ¡Huye! (misterio/horror), de Jordan Peele, y ¡Madre! (misterio/horror), de Darren Aronofsky. Por último, cinco argumentos que en serio tocaron nuestros corazones: los melodramas El porvenir, de Mia Hansen-Love; Extraordinario, de Stephen Chbosky; Un don excepcional, de Marc Webb, y Talentos ocultos, de Theodore Melfi; y el drama Anestesia, de Tim Blake Nelson. Que 2018 sea grandioso para todos. 

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