Finalmente me animé y vi 50 sombras liberadas, de James Foley; es incluso más malita que las dos entregas anteriores, sólo rescatándose el tozudo empeño de Dakota Johnson por hacer que algo en ella (lo que sea) funcione. El tagline de la película es No se pierdan el clímax, que evidentemente puede leerse de dos maneras; ojalá se refiera a que aquí acaba esta saga, que dio de qué hablar pero poquísimo para pensar, con personajes tan delgados (no hablo de su físico) y argumentos tan vaporosos que los cinéfilos nomás no encontramos de donde “pescarnos” para interesarnos al menos medianamente. Eso sí, Dakota es un cromo y, como dije, quien nunca se dio por vencida en sus afanes de que las cosas resultaran mejor. Se le agradece, pero poco pudo hacer, tan sola como estuvo. Eso de 50 sombras de Grey terminó traduciendo, más bien, en “50 sombras de gris” (muy), cual se adivina en este pequeño párrafo crítico de Robbie Collin en The Telegraph: “Este es un film en el que una de las actuaciones más emocionalmente detalladas es ofrecida por un Audi, colocado sólo por razones publicitarias”. Ooops…

Por otra parte, estrenó El hilo fantasma (Phantom thread), de Paul Thomas Anderson, nominada a seis estatuillas y que ofrece tres actuaciones soberbias: de Daniel Day-Lewis (Reynolds Woodcock), Vicky Krieps (Alma) y Lesley Manville (Cyril). Ubicada en Londres, en los 50s del siglo XX, está realizada con maestría, con omnipresente elegancia, para contar la historia de un admirado diseñador de modas, cuya organizada vida –en cierto modo “perfecta”– se trastoca con la irrupción en ella de una joven ordinaria a la que, sencillamente, no le ajusta el sometimiento. En todo este affaire, la música, exquisita, está siempre presente, cual si fuese un personaje más. Porque esencialmente eso es el film: un drama de personajes enfrascados en relaciones aparentemente controladas, cotidianas, que sin embargo gradualmente acusan su fragilidad ante la llegada de ese agente disruptivo que es Alma: joven, hermosa, azorada pero alerta, que contra todos los pronósticos es además una “guerrera”, dispuesta a dar batalla desde la fuerza de su carácter y la certeza de sus convicciones. El hilo fantasma es una película extraordinaria no meramente sobre clases sociales, sino sobre mundos distintos, en la que ese aparentemente sólido, consolidado, pende de un hilo (fantasma o no) –asfixiado por los límites de la rutina y el confort– mientras el otro, considerado débil y subordinado, en realidad exuda curiosidad e impulso de cambio. Y por cierto, ojalá no sea el último film de Daniel Day-Lewis, cuyo retiro ha venido anunciándose.

Finalmente, estamos a pocas horas de la entrega del Oscar. Cual se sabe, La forma del agua lidera las nominaciones con 13, estando más firme la posibilidad de estatuillas a del Toro como director y a Alexandre Desplat por música original, que esa correspondiente a mejor película. Otra favorita sentimental del país es Coco (faltaba más), nominada a mejor película animada y a mejor canción. Esta última, Remember me, será interpretada en la ceremonia por Natalia Lafourcade y por el californiano Miguel, acompañados de Gael García Bernal. Las dos cintas escolta en cuanto a número de nominaciones son Dunkirk, con 8, y Tres anuncios por un crimen, con 7. La primera, de Christopher Nolan, fue designada película del año por el American Film Institute. Por su parte, Tres anuncios por un crimen, de Martin McDonagh, recibió el Golden Globe como mejor película dramática. Por lo demás, no es difícil suponer que será una ceremonia algo menos “incorrecta” que la de los Globes, pero filosa al fin y al cabo. El entorno en los EEUU y en el mundo del espectáculo no está para otra cosa, desafortunadamente. ¿Influirá este convulso ambiente en qué “tipo” de películas se premie? Perdemos todos si resulta así, por razones obvias. Lo estaremos platicando en breve.

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