En la ceremonia de la 90 entrega del Oscar, varias cosas fueron evidentes. Entre ellas –para abrir boca– que Faye Dunaway y Warren Beatty son fantásticos voceros cuando les entregan el sobre correcto. También, cuánto llamó la atención, gratísimamente, el vestido de Taraji P. Henson (aunque no seas fan de la moda), sobre todo en su costado izquierdo. Si no lo recuerdan, no estaban viendo la ceremonia con atención. Además, recordaremos siempre la petición de Frances McDormand a todas las mujeres nominadas de la noche, en todas las categorías: ponerse de pie, no tanto para recibir pleitesía, sino para hacernos conscientes de la cantidad y calidad del talento femenino ahí representado. Así mismo, las palabras con las que Allison Janney inició su speech de aceptación: “Todo lo hice yo sola”. Y sí, ahora lo sabemos: Gael no precisamente canta (pero se la pasa bomba cuando lo hace) y no todos los chistes le resultan a Eugenio Derbez (pero poco le importa). Sumados a ellos, más presencia mexicana: con Guillermo del Toro por supuesto, pero también con Salma Hayek, Eiza González, Natalia Lafourcade y, a su manera, con Coco.

En cuanto a más recuerdos, nada mal estuvo el premio de un jet-ski –de 18,000 dólares más tax— al ganador que ofreciera el discurso de aceptación más breve. Lo obtuvo Mark Bridges, el diseñador de vestuario (very appropriate) de El hilo fantasma. James Ivory, por su parte, subió a recibir la estatuilla a mejor guion adaptado –su trabajo para Llámame por tu nombre— vistiendo una camisa blanca en cuyo frente fue visible un boceto del rostro de Timothée Chalamet, el joven protagonista. Y en verdad hay que alegrarse por Roger A. Deakins: el fotógrafo de Bladerunner 2049 por fin recogió la estatuilla, después de 14 nominaciones en los últimos 23 años. Vestía totalmente de negro, suponiendo tal vez que seguiría de luto esa noche, pero no fue así. Por otra parte, el Oscar recordó a los cineastas fallecidos en 2017; entre los más conocidos: John G. Avildsen (director de Rocky y de Karate Kid), Harry Dean Stanton (errabundo en París, Texas), Jonathan Demme (director de Filadelfia y El silencio de los inocentes), Roger Moore (“Bond, James Bond”), Jeanne Moreau (actriz de Buñuel, de Louis Malle, de Truffaut), George A. Romero (director de La noche de los muertos vivientes) y Jerry Lewis (El profesor chiflado; uno de los comediantes más célebres de los EEUU).

En fin, la ceremonia tuvo lo suyo, con muchos momentos en los que se destacó, de manera muy elogiosa, “lo mexicano” (aparentemente se reconoce más allá que acá, por telarañas que no abandonan nuestras cabezas). Qué gusto por los éxitos de Guillermo del Toro y de La forma del agua; por los premios a Gary Oldman (La hora más oscura) y a Sam Rockwell (Tres anuncios por un crimen) –de Frances McDormand y Allison Janney ya hablamos– y por los de Coco; por las tres estatuillas a Dunkirk, que quizá merecía algo más. Conducida sin sobresaltos por Jimmy Kimmell, fue una fiesta grata, que por cierto dio la ocasión de recordar –a propósito del Oscar a del Toro como Director– que Kubrick, Welles, Kurosawa, Bergman, Lumet, Hitchcock, Altman, Chaplin, Hawks, Fellini, nunca lo obtuvieron. Irónico, no sé; increíble, sí.

Cambiando de tema, este viernes 9 de marzo inicia el 33 Festival de Cine en Guadalajara (FICG). De nuevo tengo el privilegio de asistir, como parte del Jurado del Premio que anualmente otorga la FEISAL (Federación de Escuelas de la Imagen y el Sonido de América Latina). Nuestra encomienda –en total acuerdo con el espíritu de este premio– es ver y dictaminar once films, realizados por directores cuya edad no rebasa los 35 años. Hay algunos títulos muy sugerentes: La incertidumbre, Un traductor y Lo mejor que puedes hacer con tu vida, por ejemplo. Ya estaré reportando sobre el FICG, que además me permite, cada marzo, encontrarme con gente muy querida.

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