Hay datos –en todos los ámbitos– que al conocerse sorprenden; y el cine mexicano (o el cine en México) no es la excepción. Por ejemplo, no muchos saben que el 2017 marcó una especie de record, con más de 170 largometrajes producidos. Además, en términos estadísticos, el público mexicano es hoy el más importante del mundo hispanoparlante y también uno de los más importantes del planeta. Esto –sumado a los éxitos internacionales de Iñárritu, del Toro, Cuarón y otros– es lo que ahora mismo justifica el creciente interés de EEUU (y del mundo, de hecho) en el cine mexicano. Por otra parte, aprovecho algunos números surgidos del 33 Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) para confirmar esta suerte de furor: sólo ahí, en sólo siete días, se dieron 395 funciones de 263 películas nacionales y extranjeras, a las que asistieron (asistimos) 150 mil espectadores. Y más aún: las tres clases magisteriales impartidas por Guillermo del Toro durante el FICG, sumaron alrededor de 3.5 millones de personas, entre público asistente, plataformas digitales y televisión abierta. Nada mal para un solo festival, de una sola ciudad, del país a cuyas fronteras Mr. President (el del norte) está enviando sus Fuerzas Armadas.

Eso sí, los números “grandotes” suelen estar siempre donde el cine gringo. Por ejemplo, Ready player one recaudó 42 millones de dólares en su primer fin de semana doméstico –es decir, sólo en EEUU– y alcanzó los 200 millones de dólares de recaudación mundial, en apenas ocho días. Black panther, en siete semanas, lleva 650 millones de dólares “domésticos” y 1,280 millones de dólares sumando sus taquillas del mundo. La primera, película de Steven Spielberg, costó 175 millones de verdes; la segunda, de Ryan Coogler, 200 millones. Así, me quedo pensando: en México, la ópera prima de un egresado del CUEC, del CCC, o de otra escuela de cine importante (UPAEP ya también gesta el proyecto) ronda el 1.5 millón de dólares. Es decir que, sólo con lo que costaron ambas –sin considerar lo que recaudan– podrían debutar en el largometraje 250 realizadores mexicanos formados en y desde la Academia (es decir, bien formados). Pero claro, ya de este tema puede hacerse otra película: de terror para el ámbito nacional y comiquísima para el público de lo que ellos mismos llaman América. ¿Pero saben qué? Hay un Dios; hay un Dios…

Y mientras ese Dios enmienda las cosas y las pone en orden, decir que recién vi María Magdalena, Un viaje en el tiempo y (gulp) Tuya, mía, te la apuesto. No tuve suerte. La primera, de Garth Davis, no le hace honor a la magnitud del personaje ni a la de los eventos que trata. Todos se esfuerzan mucho —cast and crew, dicen los gringos– pero es cuasi-insalvable cualquier película centrada en un personaje distinto a Jesús, cuando Jesús está a metros de distancia. Rooney Mara encarna a la mujer de Magdala y Joaquín Phoenix al Cristo. Por su parte, Un viaje en el tiempo, de Ava DuVernay, es genuinamente de lo más flojito que se le ha visto a los Estudios Disney en un buen tiempo, a pesar de las presencias de Oprah Winfrey y Reese Witherspoon, entre otros. La historia es bonita, pero falta casi todo lo demás; en especial, canciones (habría funcionado mejor como un musical) y claramente un concepto de fantasía más definitivo, menos “de vestuario”. Como sea, es una película grata, relativamente cute (léase “quiut”) pero sólo eso, que en los estándares Disney es francamente poco. Y finalmente, Tuya, mía, te la apuesto, de Rodrigo Triana, es por mucho la menor de las tres; básicamente, una suma de clichés que, me parece, no alcanza ni para gustar a los aficionados al futbol más aferrados, seguidores “del equipo de todos”. La cercanía de un Mundial nunca ha sido –ni tiene por qué serlo– caja de resonancia para la calidad cinematográfica. Y en serio qué lástima, porque esa idea del aferre por el “fucho” siempre tiene posibilidades. Eso sí, agradecemos a la película la presencia de la colombiana Julieth Restrepo; un bombón.

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