Dicen que ya todo se ha filmado. Probablemente sea cierto, si consideras de qué trata ¡Te atrapé! (Tag), de Jeff Tomsic. Literal, su centro es el juego infantil que en México conocemos como “tú la traes” (being it, dicen los gringos). En EEUU lo llaman Tag. Eso ya desconcierta de entrada, pero lo más bizarro es que la película está “inspirada” en eventos reales; y más aún, que los obsesionados con el jueguito no son infantes, sino un puñado de hombres mayores. En resumen, el argumento es este: un grupo de cuarentones –amigos inseparables desde la infancia– se reúnen cada mayo (abandonándolo todo) para jugar Tag entre ellos. El único invicto del grupo, jamás tagueado, es Jerry (Jeremy Renner), sobre quien esta vez, en equipo, se lanzarán los otros cuatro (Ed Helms, Jon Hamm, Jake Johnson y Hannibal Buress), porque Jerry va a casarse y se retira de competir. Última llamada, pues, para que el clan de “socios” consiga taguear a Jerry y evite que se despida como una leyenda jamás “tocada”.

Pero a ver: ¿todo esto es en serio? Bueno, tan lo es que de hecho la historia se hizo pública, relatada en un artículo del Wall Street Journal titulado Se requieren planeación y precaución para evitar ser el “being it”. Desde luego, ¡Te atrapé! es una comedia (¿qué más podía ser?), que funciona bastante bien a partir de que aceptas dos cosas: lo delgadito del “conflicto” y el hecho incuestionable de que cuanto sucede no tiene impacto alguno en nada ni nadie. De ahí en más, reconocer lo bien escrita que está, actuada por un ensamble fantástico, tan sólido que te hace sentir esencial, casi vital, la “misión” de por fin tocar a Jerry, in extremis de ser necesario. Y para huir del mero male bonding, en la cinta intervienen Isla Fisher –hilarante, como intensa cómplice de los perseguidores– y Anabelle Wallis, encarnando a la (boquiabierta) reportera que atestigua las acciones de todos estos orates. En fin, que Hollywood sigue encontrando anécdotas para contar, presentándolas como “relevantes” por más paliduchas que sean de origen. Justo eso es el mérito aquí.

Por otra parte, sigue en cartelera Una familia peculiar (Cigarettes et chocolat chaud), la ópera prima de Sophie Reine, ya conocida como editora. En ella, un padre viudo, en medio de sus dos trabajos, intenta educar a sus hijas –de 13 y 9 años– como “espíritus libres”, según los preceptos ochenteros defendidos por el activismo de su esposa fallecida. Pero cuando las autoridades sociales detectan descuidos e irregularidades en la crianza, someten a vigilancia al tipo, obligándolo a cursar un programa de responsabilidad parental. Claro, de no aprobarlo las niñas podrían asignarse a familias sustitutas. Pero como suele suceder, lo inesperado juega un rol y abre nuevas perspectivas a las cosas. Una familia peculiar justo es sobre ser familia, incluso cuando las circunstancias están en contra. Más allá de que aquí sí hay verdadero conflicto, la directora Reine igual opta por el tono de comedia, que alterna con el melodrama según crece el peso de los eventos. Y aunque el proceso nunca pierde candor ni frescura, ese equilibrio a ratos se torna frágil: melodrama de más cuando la situación apunta a la comedia, y viceversa. No obstante, Una familia peculiar tiene mucho carisma y un corazón enorme, lo que a fin de cuentas la hace una delicia. No redondea, como ya dije, pero una delicia al fin y al cabo. Realmente estupendo, Gustave Kervern hace a Denis Patar, el padre, totalmente creíble tanto en sus confusiones como en sus claridades. Por su parte, las notables Heloise Dugas y Fanie Zanini encarnan a las chicas, que son el motor de los eventos. Aplausos también para Camille Cottin como Severine, la estricta pero sensible trabajadora social a la que inesperadamente –debiendo ser al revés– la familia Patar le cambia la vida. Y este otro dato: la película será todavía más especial para fans de David Bowie y no necesariamente por el soundtrack. Un soundtrack, por cierto, que mayoritariamente es dulce y en verdad bellísimo.

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