Hace 15 días, en este mismo espacio, mencioné brevemente algunas películas sobre las que hay coincidencia –en varias publicaciones especializadas– en cuanto a que serán de las que atraigan la atención del público este otoño. Fueron: Roma, de Alfonso Cuarón; Suspiria, de Luca Guadagnino; Nace una estrella, de Bradley Cooper; El primer hombre, de Damien Chazelle, y Boy erased, de Joel Edgerton. Hoy agrego cuatro más: Clímax, de Gaspar Noe; El evangelio según André, de Kate Novack; Mediados de los 90s, de Jonah Hill; Viudas, de Steve McQueen, y Fahrenheit 11/9, de Michael Moore. Clímax, cuyos personajes son una troupé de bailarines, es una fantasía entre el musical y el horror, que en el transcurso vira –literal– hacia una visión ácido-lisérgica (porque, sí, el LSD juega un rol “protagónico” como detonante de los eventos). Obtuvo en Cannes el Premio de la CICAE, que se otorga al considerado mejor film “de arte o ensayo”. Por su parte, El evangelio según André es un documental en torno a André Leon Tally, el célebre editor –y figura autorizada– del mundo de la moda; hombre de color salido del separatista sur estadounidense para llegar a las principales pasarelas internacionales.    

En cuanto a Mediados de los 90s, es la ópera prima como director del inquieto y talentoso Jonah Hill, dos veces nominado al Oscar como actor. Filmada en 16mm –y de tintes probablemente autobiográficos– tiene que ver con un adolescente que rumia su edad, sus temas de familia y sus asuntos personales (agreguen su amistad con un bravo grupo de rollerskaters), en el Los Ángeles noventero. La crítica la ha llamado, con afecto, “una rebanada de vida de la calle”. Viudas, a su vez, es en lo genérico un crime thriller, relativo a cuatro mujeres que deciden unirse para retomar las actividades delincuenciales de sus extintos maridos. En el reparto destacan los nombres de Viola Davis, Michelle Rodríguez, Liam Neeson, Colin Farrell y Robert Duvall, conocedores todos, por sus carreras, de los bajos fondos como ámbito cinematográfico. Además, recordar que McQueen es –entre otras cintas– el director de Shame y de 12 años esclavo, ganadora ésta de tres Óscares. Y finalmente, Fahrenheit 11/9 es lo más reciente del documentalista Moore (hipercrítico, como siempre), ahora en torno a la administración Trump y a las dos preguntas que según los gringos la definen: ¿Cómo diablos llegamos aquí? y ¿Cómo carajos hacemos para zafarnos? Un film (se dice) que exhorta a los ciudadanos a tomar acciones inmediatas (y no poco drásticas) para “salvar” al país antes de que sea demasiado tarde. En fin, diez películas de las que hablaremos mucho, ojalá que encendidamente, a lo largo de los próximos meses, candidatas evidentes a nominaciones y reconocimientos.

En cuanto a la cartelera, pude ver El día de la unión, 2º largometraje de Kuno Becker como director. Sin duda un proyecto muy ambicioso, a propósito del sismo de 1985, con una serie de vidas y encuentros entrelazados, conectando desde el afecto, la solidaridad y el orgullo. En ese contexto, incluye también la línea argumental de un empresario sin escrúpulos que pretende incendiar un edificio colapsado –para quemar evidencias “comprometedoras”– a pesar de las personas vivas que aún hay entre los escombros. Más que el resultado, de alguna suerte irregular, hay que agradecerle a Becker las intenciones de este complejo empeño: en especial, poner de relevancia la vocación de la gente de ayudar en la catástrofe, construyendo así, en efecto, en los momentos más aciagos, el mejor posible de los Méxicos; el más fuerte, el más entero, el más esencial y fraterno. Eso no basta en sí mismo, pero sí es muy de valorarse, a despecho del acercamiento como melodrama a eventos que, por mucho, lo trascienden como un drama profundo, de rostro resonante y humano. Muy convencidos, aplausos para ellos, en El día de la unión actúan Kuno Becker, Armando Hernández, Sandra Echeverría, Ximena Ayala y Gustavo Sánchez Parra.

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