Recién me entero de que habrá un remake del clásico de Sam Peckinpah La pandilla salvaje (The wild bunch; 1969) –una joya– ahora con Mel Gibson dirigiendo. Suena a buena noticia, pero no lo es tanto cuando te acuerdas de que la original ha sido adjetivada de “irrepetible” no pocas veces. En todo caso, y de botepronto, pareciera una nueva versión innecesaria. Por igual, otro remake ya en producción es el de La dama y el vagabundo, el atesorado clásico animado de Disney de 1955. Esta vez no se trata de animación, sino de acción viva (y virtual también), bajo la dirección de Charlie Bean, un tipo –qué curioso– bastante conocido como animador. Reinita y Golfo serán creaturas de computadora, con las voces (en inglés, al menos) de Tessa Thompson y Justin Theroux.

Y siguiendo con el tema de los remakes, también hay que mencionar el de Mujercitas, nuevo acercamiento a la bienamada novela de Louisa May Alcott, adaptada –y adoptada– muchas veces antes por el cine (la versión de 1949 es muy disfrutable, con Elizabeth Taylor, June Allyson, Janet Leigh y Margaret O’Brien como las cuatro hermanas March). Esta reinterpretación al texto de Alcott –que está en su 150 aniversario– ciertamente promete; y es por cierto la ópera prima de Clare Niederpruem como directora. Pero la nostalgia cinematográfica no acaba ahí: queremos ver ya Mary Poppins regresa, de Rob Marshall, secuela de la inolvidable Mary Poppins de 1964, con Julie Andrews en el papel de la nana mágica. Esta de Marshall no es un remake, sino una secuela, en la que nuestra nana favorita reaparece, décadas después, para ayudar de nuevo a los hermanos Banks ya como adultos. Es Emily Blunt quien interpreta ahora a Mary Poppins, rodeada de un cast impresionante: Meryl Streep, Angela Lansbury, Colin Firth, Julie Walters, con Emily Mortimer y Ben Whishaw como Jane y Michael Banks. ¿Y saben? También Dick Van Dyke está en la película, cual lo hizo en la Mary Poppins original.

Ahora bien, hay dos películas más que ya nos urge ver, por lo “enganchador” de sus trailers: Un pequeño favor (A simple favor), de Paul Feig, y No te preocupes: no irá lejos (Don’t worry, he won’t get far on foot), de Gus Van Sant. Para mí –lo confieso– la primera tiene a priori un atractivo mayor: la formidable Anna Kendrick, quien interpreta a Stephanie, una mujer que debe resolver las aristas de la desaparición de su enigmática mejor amiga, Emily (Blake Lively). La crítica la ha tratado bastante bien, con juicios que sintetizan en este único: “un misterio sombrío, pero al mismo tiempo ligero y divertido”. En cuanto a No te preocupes: no irá lejos, está basada en la biografía de John Callahan, quien después de un accidente automovilístico –que lo confina a una silla de ruedas– descubre su habilidad como monero, a partir de lo cual, digamos que muy a su manera, encuentra un nuevo e irreverente rumbo de vida. El reparto es de primera, con Joaquín Phoenix (como Callahan), Jonah Hill, Rooney Mara y Joe Black.

Y para terminar esta columna, decir que vale la pena asomarse a Buscando (Searching), de Aneesh Chaganty. En ella, una adolescente desaparece y, por supuesto, el padre casi enloquece. Si bien la policía ya está sobre el caso, el desesperado tipo intenta hallar pistas, lo que le lleva por una intensa búsqueda en la lap-top de su hija. Es en esto en lo que radica la originalidad del film: prácticamente todo está narrado a través de las pantallas, transmisiones, ventanas, marcos de diálogo, plataformas, etc., de dispositivos electrónicos y redes sociales. Así, laps, celulares, televisiones, cámaras de seguridad, Facebook, Instagram, Twitter, Whatsapp y cualesquiera otros recursos, se convierten no sólo en canales, sino en genuinos personajes de Buscando. Una apuesta arriesgada, sí, pero que funciona con sorprendente (y absorbente) precisión. John Cho –muy bien– interpreta al devastado padre, siendo Debra Messing la detective asignada al caso. Anímense.

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