La cartelera sigue sin estar especialmente interesante. Será que la película que todos queremos ver en pantalla grande es Roma, con expectativas inciertas al respecto (me refiero a exhibirla en corrida comercial normal; no a excepciones que hagan sentir al público que se le hace un favor). Así y todo, de principio llama la atención Viudas, de Steve McQueen, realizador de Shame (2011) y de 12 años esclavo (2013). Ubicada en un sórdido Chicago contemporáneo, Viudas es en lo genérico (aquí lo mencioné hace unas semanas) un crime thriller, relativo a cuatro mujeres que –sin conocerse, obligadas por las circunstancias– se unen para resolver una “deuda” dejada por sus fallecidos maridos, delincuentes de altos vuelos. En ello les va la vida, literalmente. Encarnan a esas damas, Viola Davis, Michelle Rodríguez, Elizabeth Debicki y Carrie Coon, ayudadas por su atrevida driver Cynthia Erivo. Además, destacan en el reparto los nombres de Liam Neeson, Colin Farrell y Robert Duvall, conocedores todos, por sus filmografías, de los bajos fondos como ámbito cinematográfico. Viudas está brillantemente dirigida, si bien tiene tal vez –cuestión de gustos– un giro excesivo (en serio, ¡vaya giro!) que no ves venir. La crítica la ha calificado con un altísimo 8.4, que puede resumir en el siguiente comentario de Todd McCarthy para The Hollywood Reporter: “Viudas es una sólida pieza de ficción genérica, resonante por cómo profundiza en sus personajes y en las implicaciones sociológicas, de formas específicamente diseñadas para examinar ciertos fundamentos del cómo mantener los ‘negocios’ en marcha”. No hay duda: vale la pena verla.

Otro film que merece nuestra atención es la comedia romántica Amor de vinilo (Juliet, naked), de Jesse Peretz, aunque ahora mismo tiene pocas pantallas y muy pocos horarios. Su resorte argumental es muy sugerente: Annie (Rose Byrne) rompe su relación con Duncan (Chris O’Dowd), su pareja, porque él tiene una aventura, pero también –en buena medida– porque el tipo idolatra y está obsesionado –24/7– con Tucker Crowe (Ethan Hawke), un cantatutor retirado, célebre algún tiempo, del que ya nadie sabe nada. Pero la vida se suele permitir ironías: en medio de su crisis, Annie conoce a Tucker Crowe (primero por internet, luego en persona) y entre ellos surge algo más que amistad. Quien no lo puede creer, claro, es el babeante Duncan. Amor de vinilo está lejos de ser una película mayor, pero es mayoritariamente grata, curiosa e inteligente (también inofensiva), con actuaciones en el tono justo de lo que es el núcleo de la película: la frágil inconsistencia de la condición humana. Hay algún momento en que la película parece estacionarse, pero a fin de cuentas sale adelante, en especial gracias a la guapa y aterrizada Byrne, quien es, vuelvo a decirlo, más y mejor actriz de lo que aparenta. Dos “por cierto”: 1) La película es una adaptación de la novela escrita por Nick Hornby; 2) En 2014, cuando se anunció el proyecto, no era Rose Byrne, sino Kate Winslet, la actriz escogida para el rol de Annie. Ojalá que Amor de vinilo alcance 2ª semana de exhibición entre nosotros.

Finalmente, justo cuando escribo se anuncian las nominaciones al Golden Globe. Roma aspira al de film en lengua extranjera y Alfonso Cuarón al de director. Bohemian Rhapsody y Nace una estrella aparecen entre las candidatas a mejor película dramática, así como El regreso de Mary Poppins y Locamente millonarios a mejor película de comedia. Bradley Cooper y Lady Gaga, pareja en Nace una estrella, están nominados por actuación en un drama, igual que Rami Malek (Freddy Mercury himself) por Bohemian Rhapsody. Y siento mucho gusto la nominación a Claire Foy, de quien mencioné –hace unos días, aquí mismo—que se robaba el show en El primer hombre en la luna. En fin: los Globes, que inauguran la temporada de premios de esta industria mágica para la que todos quisieran (o quieren) trabajar, “aunque sea como aguador” (dicen en Guadalajara).

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