Me faltaba ver Free Solo, el documental ganador del Oscar, producido por la National Geographic y dirigido por el tándem Jimmy Chin-Elizabeth Chai Vasarhelyi. Cual lo mencioné en este espacio hace ocho días, su personaje es Alex Honnold, primera persona en subir la pared de roca conocida como El Capitán (o Cap) –de 915 metros verticales, en Yosemite– sin cuerdas ni equipo de seguridad; tal vez la mayor hazaña en la historia de escaladas de este tipo. Así de desafiante este acto de Honnold, obsesionado no frente al riesgo de morir, sino con someter al Cap en las condiciones descritas, a pesar de la altísima, escandalosa, posibilidad de morir. Free Solo tiene a dicha hazaña como su acto final; el resto, lo anterior, se construye haciendo un retrato personal de Alex Honnold –su infancia, sus relaciones de familia, su personalidad introvertida– y mostrando todos los escenarios preparatorios del ascenso: un sinnúmero de análisis, cálculos y evaluaciones estratégicas, tramo por tramo (a partir de escaladas parciales –protegidas– al Cap), antes de acometer el intento definitivo. Un acto, sí, que para cualquiera, excepto para Alex Honnold, sería no otra cosa que un sinsentido suicida. Free Solo entrega todo esto en la forma de un testimonio alucinante y absorbente en dosis iguales, con imágenes de una belleza imposible como entorno de un evento rodeado de peligro y fatalidad inminentes. Y por supuesto es inevitable (no pocas veces) plantear la pregunta: “¿cómo rayos llegó hasta ahí la cámara?”. Que nadie se pierda Free Solo.

Pero no es esto el único estreno valioso. También merece la pena –mucho– la película tailandesa Mentes peligrosas (Bad genius), de Nattawut Poonpiriya, que sin duda será de las principales sorpresas fílmicas de este 2019. Se dice inspirada en hechos reales: los de un grupo de jovencitos que –buscando ganar plata y aprovechando los diferentes husos horarios de Australia y Tailandia– arman un esquema para filtrar a decenas de “clientes” las respuestas del examen internacional SAT (encaminado al ingreso a universidades de prestigio), a tiempo de aprovecharlas en su país –fraudulentamente– en su beneficio. Fresca y muy original, desenfadada a ratos, Mentes peligrosas igual se las arregla para convertirse en una lección de cómo construir suspenso (lo que no es poca cosa), sin dejar de ofrecer un rostro humano. Así, lo que más o menos inicia como una comedia juvenil sobre tramposillos de poca monta, termina en una suerte de thriller atípico que pone de relevancia lo bien dirigido y actuado que está. De ahí que no sea extraño que la película ya haya cosechado 16 premios internacionales; entre ellos –bien se entiende– tres premios del público. Un film en verdad destacado de la cinematografía tailandesa, que confirma que no todo en ella son las películas dirigidas por Apichatpong Weerasethakul. Y si ustedes piensan que este nombre es impronunciable, aquí les dejo el de la talentosa protagonista central de Mentes peligrosas, cuyo desempeño es en verdad formidable: Chutimon Chuengcharoensukying.

Finalmente, Obsesión (Serenity), de Steven King, me ha parecido una película si acaso mediana, en la que lo mejor es lo atractivo de su reparto en cuanto a nombres: Matthew McCounaghey, Anne Hathaway y Diane Lane, básicamente. En lo nuclear tiene que ver con la súplica que recibe Baker, un solitario pescador divorciado, de su ex-mujer: trepar a su barco al hombre con el que ahora vive y, ya en altamar, arrojarlo a los tiburones (¿así o más contundente?). La premisa es por supuesto sugerente, pero para infortunio de la película el guion perfiló un giro en exceso descabellado, para otro tipo de film, con lo que su devenir ya no resulta satisfactorio. Una lástima, puesto que había substancia y talento suficientes como para algo mucho más relevante. Antes dije que Mentes peligrosas puede ser una de las sorpresas del año; por igual, Obsesión será, lo parece, una de las decepciones.     

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here