Hace ocho días hice aquí mismo me referí a Todos lo saben, de Asghar Farhadi, como un angustioso, absorbente, drama de familia. En ella, Laura (Penélope Cruz), acompañada de sus hijos Irene (Carla Campra) y Diego, llega desde Argentina a su pueblo natal en España, para estar en la boda de su hermana menor. En el transcurso de la fiesta, Irene, de 16 años, es secuestrada, volviendo pesadilla días que serían de celebración. Sin pistas, advertida la familia de no avisar a la Guardia Civil, es principalmente Paco (Javier Bardem), antiguo novio de Laura, quien se involucra en las indagaciones, con deseos pero sin oficio alguno. Mientras tanto, de Argentina llega Alejandro (Ricardo Darín), el padre de Irene. Con cada día, la tensión, la confusión y las sospechas escalan entre los miembros del clan, a medida que la desesperación aumenta. Por igual, afloran pendientes y recelos del pasado, nunca resueltos. Las preguntas brotan, incontenibles: el secuestro de Irene, ¿lo planeó alguien “de dentro”? ¿Hay detrás algún deseo de venganza? ¿Será que todos –o la mayoría– están coludidos? La única certeza es que Irene no aparece. O tal vez hay una certeza más: lo que se rumora en el pueblo, todos lo saben…

Todos lo saben es una película poderosa, que lleva al espectador por vertientes diversas que sin embargo sirven al mismo propósito: entender los por qué del secuestro de la niña. Entre otras, en esas vertientes cuentan profundos secretos de familia, disputas sobre bienes materiales, anhelos truncos, e incluso algunas inconclusas (o ambiguas) relaciones personales. Entre Paco y Laura, claro; pero también otras que van adivinándose entre las personas del entorno cercano, que (más y menos) amplían el número de sospechosos. Así, una vez que la tensión y las preocupaciones alcanzan su elevado nivel “natural”, ya nunca menguan, lo que coloca al espectador –que lo percibe– en un rango de fragilidad e indefensión similar al que se respira en el contexto de la búsqueda de Irene. Para ello, los intérpretes, todos, están extraordinarios: Penélope Cruz, desgarrada, con comprensibles momentos de desconsuelo, pero también de lucidez y valentía; Bardem, entregando a un Paco tanto fervoroso como acorralado por los cuatro costados; Darín, desde un personaje difícil, cuestionado, en apariencia “corto”, o que llega tarde, o que hace poco. Y en el mismo estupendo nivel el resto; especialmente Eduard Fernández, muy contenido como Fernando –una suerte de bisagra entre todos los demás– y Bárbara Lennie como Bea, la mujer de Paco, que confundida y todo busca hacerse conciencia de su marido, quizá ya más confundido que ella. Sin ser una de las mejores de Farhadi, Todos lo saben es de todas formas un festín, aunque suene raro decirlo entre tanta angustia e incertidumbres. Hay que correr a verla, porque cada vez tiene menos horarios de pantalla.

¿Y qué más, en otro tono dramático, podemos ver en este momento? Bueno, en plan de comedia –más “de enredos” que romántica– la francesa Enamorado de tu mujer (Amoureux de ma femme), de Daniel Auteuil. Su premisa de partida es contundente: Daniel (el propio Auteuil) –felizmente casado con Isabelle (Sandrine Kiberlain)– invita a cenar a casa a su también septuagenario amigo Patrick (Gerard Depardieu), quien llega con Emma (Adriana Ugarte), su nueva novia de apenas 30 años, con la que vive tras de abandonar a su esposa…la mejor amiga de Isabelle. Pero esto se convierte en lo de menos cuando la despampanante Emma literalmente emboba con su belleza a Daniel, quien –sin poder evitarlo– fantasea con la hermosa invitada. Cierto: son 40 años de diferencia los que les contemplan, pero la imaginación es canija. Enamorado de tu mujer, también muy bien actuada, es genuinamente divertida y grata. Refrescantemente inofensiva (lo digo como un elogio), se ubica entre las mejores opciones en cartelera. Sólo hay que verle la cara a Daniel, mientras contempla (babeante) a la luminosa y desenfadada Emma. Priceless… 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here