A propósito de Danny Torrance

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A pocos días de estrenada, va quedando claro que Doctor Sueño, suerte de continuación de El resplandor, más bien divide las opiniones. Dirigida por Mike Flanagan, Doctor Sueño carga sobre sus espaldas las inevitables comparaciones, que ya dice el dicho “son odiosas”. En ella nos enteramos de que Danny Torrance (Ewan McGregor) está convertido en un cuarentón alcohólico e inestable, acosado aun por los recuerdos de los terribles eventos de su infancia en el Overlook Hotel. En paralelo sabemos de la existencia de una secta, El Nudo Verdadero, cuyos miembros tienen un carácter sobrenatural que renuevan –sus fuerzas, su vida– robando el “resplandor” (en forma de un aliento vaporoso) de niños especiales a los que asesinan. En medio de su frágil situación emocional, Dan conoce a Abra (Kyliegh Curran), niña dueña del “resplandor” más fuerte conocido, que justo por eso se convierte en blanco principal de los del Nudo, liderados por una mujer tan bella como poderosa: Rose the Hat (Rebecca Ferguson). Dan asume pues el rol de protector de Abra –la ve como una nueva versión de él– con la inevitable necesidad de volver al Overlook Hotel y a su angustioso pasado, sabiendo que sólo ahí puede encontrar el respaldo que requiere. Desde luego, eso también lo regresa a confrontar los infames recuerdos de tres décadas atrás, que amenazan con materializar de nuevo. Pero los graves riesgos son dignos de la intención: salvar a Abra traduce también en la destrucción del Nudo. Además, el ahora adulto Danny Torrance sigue en busca de un cierre definitivo a su pasado, que expíe y entierre por fin las acciones de su padre. Sin duda, el tercer ángulo –el personal e íntimo– de la misión de salvar a Abra.

Aunque imposible obviar la enorme relevancia de su origen, Doctor Sueño es una película de vida propia, de méritos propios, que sin embargo regresa con frecuencia a recreaciones, alusiones e imágenes señaladas de El resplandor. Larga en demasía, y algo confusa por diversos saltos de temporalidad y geografías (sobre todo al inicio), la película de Flanagan parece encontrar sus mejores momentos justo cuando olvida el clásico de Kubrick para ir sobre las encrucijadas de Dan, sobre las actividades del Nudo y, consecuentemente, sobre el personaje de Abra como bisagra de esos dos primeros focos. Pero es evidente que “una secuela de El resplandor” en automático impone la obligación de recuperar a cada rato algo –o lo más posible– de la película de Kubrick, pensando tanto en sus fans recalcitrantes (que somos casi todos) como en los cinéfilos que, extrañamente, nunca la vieron. Y bueno, son muchos los que dicen “Flanagan no es Kubrick”; y tan tienen razón que lo mejor es no someter a Doctor Sueño a comparaciones, reconociéndole el derecho a ser juzgada por ella misma, con todo y sus regresos a momentos de El resplandor, que se disfrutan por la remembranza misma, o que llanamente se incorporan a todo lo demás para ponerse al servicio de lo narrado. Quiero ver Doctor Sueño una vez más, a fin de tener más elementos para comentar más ampliamente –aquí mismo– este film, al que hay que reconocerle audacia por el hecho, ya mencionado, de nacer “abisagrado” a El resplandor, tan bienamado por todos.

Para concluir, cambio de tema: algunos amables lectores me han preguntado a propósito de 120 películas en breve y a fondo, libro de mi autoría editado por UPAEP como parte de una colección auspiciada por su Licenciatura en Cine y Producción Audiovisual. Con excepción de El Sur (Víctor Erice; 1983), las cintas que en él comento son de este siglo; hay de los cinco continentes, unas muy conocidas y otras no tanto. Son cápsulas sintéticas, en tres o cuatro párrafos, que justo pretenden develar la identidad de cada film en breve, pero a fondo. El libro será presentado el jueves 5 de diciembre, a las 7 pm, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ojalá sea del agrado de la gente.

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