Recientemente apareció un artículo del diario “Milenio”, sobre el honroso 2º. lugar que ocupa México en la práctica de cirugías plásticas. Me sorprendió saber que estamos por encima de Brasil, ya que en ese país se encuentra el mayor número de cirujanos plásticos y llevan la delantera en el tema.
El asunto no es que en nuestro país se realicen tantas intervenciones quirúrgicas para arreglar nuestros “puerquecitos” amorfos, sino que 2 de cada 10 operaciones las llevan al cabo charlatanes que no pasaron ni “plastilina 1” en el kínder. Con tal de embolsarse unos centavos (o “varos”, para Valero), ponen en riesgo la vida de quienes tienen la ilusión de verse mejor. Incluso hasta ofrecen servicio a domicilio. Imaginen un anuncio así: “Reduzca sus “bubis” en la comodidad de su hogar”, ó: “No asome su narizota, nosotros vamos a componerla”.
Todos y todas (mexicanos y mexicanas), sabemos que este tipo de operaciones no son una ganga, normalmente oscilan entre los 30 y los 100,000 pesos (no depende de lo descompuesta de la anatomía, sino del tipo de operación y del doctor que la realice y por supuesto en dónde, me refiero al hospital no a la parte del cuerpo), por lo tanto no cualquier persona puede darse el lujo y aquí es donde entra lo delicado del tema. Hacen su aparición personajes sin ética profesional y sin conocimientos, que por menos de la mitad de los precios mencionados anteriormente, atraen a los clientes y por desgracia muchos caen.
Estoy totalmente convencida de que si alguien tiene algún complejo o se siente inconforme con alguna parte de su cuerpo que no tiene el tamaño adecuado, debe hacer algo por remediarlo, sobre todo si puede, pero siempre analizando a fondo la situación. Hay cientos de cirujanos plásticos reconocidos y con mucha experiencia en nuestro país, incluso aquí en Puebla. Es preferible aguantar unos meses más con un bonito adorno entre las bubis (como el ombligo), en lo que ahorramos, para caer en buenas manos. Dicen que lo barato sale caro y en cuestión de la salud podría salir carísimo.
Lo mejor sería que nos aceptáramos como somos, nadie es perfecto. Quizá alguien esbozará: “es la persona menos indicada para decirlo”, y sí, efectivamente, pero créame que cuando ves en riesgo tu salud por un asunto de vanidad, te sientes realmente estúpida. Si no, pregúnteselo a la Guzmán, o a mí, es más directo.
Por cierto para quienes tienen duda, no me puse, me quité.
Ana Cristina
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