Corte silencioso

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Hoy me di cuenta de que mi espléndida cabellera ha crecido. Se empieza a complicar su acomodo. Mi decisión es irrevocable, no lo pienso poner a consideración de nadie: hoy voy a la peluquería.

Llego y está cerrado. La vecina me dice: “ya no tarda, espera… ¡Luchaaaaa!”. Con esos gritos, seguramente se apresurará a abrir, pensando que hay una emergencia por la caída de un meteorito o el aviso de un tsunami.

Efectivamente, la dama acude rápido al llamado. Abre la cortina y me pregunta “¿llevas mucho esperando?”. “No”, dije yo. “¿Cómo cuánto tiempo?” Dijo ella. “Como cinco minutos”, dije yo. ¿”Cómo lo quieres?” dijo ella. “Con la misma forma, pero más corto”, dije yo.

Tras el singular intercambio de cuestionamientos en cascada, decido caminar erguido hasta la silla para que te laven la maravilla capilar. Estoy seguro que algo no anda bien. La historia puede dar un giro inesperado. Algo que deseo y que me trajo hasta aquí, que es cortarme el pelo, puede convertirse en una pesadilla.

Siento le presión en la mirada de Lucha. El ambiente se tensa. Cuidadosamente abre la llave del agua caliente y me pide que me recueste para iniciar a aplicar el shampoo. Tengo un mal presentimiento. La espuma entra a mis oídos e impide que escuche lo que están diciendo en “Muevete”, con la entrevista que invita a lágrima, de Dana Paola.

Ahí está, ya vi que llenó sus pulmones. Lo está preparando. Lo va a ejecutar: “¿Te vas a ir de vaciones?”dijo ella. “No” dije yo.

¡Me lleva! Ya vamos a empezar con la plática. ¿Dónde carambas dije que tenía ganas de hablar? ¿Por qué hay la idea de que tengo ganas de intercambiar opiniones? ¡Vine a que me “pelaran”! De haber querido platicar, seguramente hubiera pasado por la señorita y estaríamos en un café. Entonces decidí elegantemente no dar pie al diálogo.

La trabajadora de la tijera insiste en la plática: “¿por qué no sales?”. “No tengo planes” respondo. Y entonces viene lo inevitable y se empieza a  responder sola. “¿Por? Te quedas con tu novia, o con la familia, no te dieron vacaciones” y una serie de afirmaciones que me llevan a tomar medidas extremas.

Mientras escucho un largo y tedioso “uauauauauaua”, ya que he bloqueado cualquier sonido que provenga de su boca, me decido a actuar. Sentado en la silla, con la respectiva bata, babero o como se llame, y ante el intempestivo ataque, haré gala de mi mejor arma.

Es entonces que cierro mis ojos. Impávida, la peluquera, no tiene más remedio que cerrar la boca y afilar la tijera. En unos 20 minutos simulo que despierto y listo. El tiempo pasa y lo logro. No hay más comunicación que para decir que sí cuando me pone el espejito. Ahora voy yo: “¿Cuánto le debo?”.

Pago, doy las gracias y me voy, con la información que recopilé de los chismes con la gente que espera turno y con los programas de espectáculos que escuché mientras fingía un profundo sueño.

Foto: Gerard Girbes

Manuel Frausto Urízar

7 COMENTARIOS

  1. ¡¡¡Hola Manolo!!!…

    Yo tengo dos comentarios, «breves» como siempre para que no se aburran leyendo otro blog…jajaja…

    A mí sí me gusta charlar con los peluqueros. De hecho ahora mismo estoy dado a la tarea de encontrar a una familia de «Presidencia Roque Sáenz Peña» en el Chaco Argentino. Resulta que hice escala en esa ciudad y me metí a la peluquería y charlando con el peluquero, de Paraguay, me notó mi acento mexicano y llamó a su familia. Me trataron como Rey y pasé unos días de más en tan colorida comunidad. Espero poder dar con ellos para reencontrarnos.

    Mi segundo comentario es acerca de mi largo cabello. De niño mi madre me pelaba «casquete corto» y me echaba limón para que se me pusiera tieso…el cabello… Ya entrado en años por el trabajo de maestro y poner el ejemplo siempre anduve bien «rasuradito» como dicen aquí…jajaja…

    Pero una vez libre como las aves en mi viaje de la vida me dejé crecer el pelo y la barba, tanto que cuando volví de Brasil mi propia madre no me reconoció…jajaja…

    Ahora me dejaré crecer el cabello hasta donde llegue…total, a Iris le gusta mi cabello largo y a mi me da personalidad de intelectual…jajaja…no me pienso cortar el cabello. La barba sí me la arreglo y le doy forma…pero hasta ahí…

    Y todo este rollo es para que sepan que aunque estén de vacaciones les sigo leyendo…un abrazote y diviértanse mucho…Diego.

    • Diego, muchas gracias por comentar. En algunas personas la «melena» es un sello. La verdad es que te queda bien. Próximamente compartiré una historia donde sí platiqué con la señorita de las tijeras (otra) y se puso bueno.
      Saludos a Iris y a Santi!

  2. ¡Hola Manuel!.

    Interesante analisis.Es comun que al ingresar a una estetica te topes con que todos esten dandole con ganas al «linguililingui» -ignoro como se escribe pero yo así lo pronuncio-. En mis años mas mozos esta situacion era motivo de estres y por ello, un dia opte por el lema de «hagalo usted mismo»…

    De «corto» en «corto», solo me falto cortar la raiz del foliculo capilar y ante semejante resultado, me vi forzasa a «ventilar» mis ideas durante una temporada… acababa de confirmar que la carrera de «cultora de belleza» no era lo mio.

    El tiempo paso y cuando mi cabello tuvo un largo considerable, lejos de aprender con «los errores del pasado», volvi a meterle tijera a mi cabellera. El resultado fue mejor y desde entonces «ahorro» el tiempo de espera en la estetica a solo 5 minutos frente al espejo.

    … ves?, «hacerse el dormido» no es el unico recurso del que uno puede echar mano. Pero claro, tu maravilla capilar se debe a su publico y por tanto debe hacerse el sacrificio de escuchar a Doña Lucha, haciendo su «lucha» por entablar dialogo.

    ¡Hasta otra ocasion!.

    • Tana! no sabía que tenías conocimientos del manejo de la tijera. No dejas de sorprenderme. Espero que me llegue un curso de «hágalo usted mismo» a mi correo. Un beso!

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