El «Er fors Guan»

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(Part guan)

Eso de los viajes presidenciales de pronto aparece interesante, además de que surgen los encuentros, los protocolos, las anécdotas, también resaltan elementos periféricos a toda la historia que suelen ser más interesantes de lo que aparentan; como dice la Chimoltrufia, “una cosa lleva a otra”, comienzan a aparecer elementos que colorean los contextos.

Enmarcados en el rollo del Bicentenario de la Independencia y el furor por todo lo que huela a historia, al fijarnos en el último viaje del presidente, Felipe Calderón, a Estados Unidos; de ahí uno se topa con las fotos y en alguna  sale el de fondo el Presidente Juárez,  el avión que transporta al mandatario.

Uno podría decir que esto sólo es interesante en el caso del avión presidencial norteamericano, el Air Force One, pero en México, también jugamos beis y tenemos nuestra tradición de águilas, la cual por cierto, es interesante y divertida.

Nosotros tenemos nuestro «Er Fors Guan», el TP01, o lo que es lo mismo Transporte Presidencial 01, que como en Estados Unidos, es la clave que se le asigna a la aeronave que, en un momento determinado, transporta al primer mandatario.

Y también, como en «Delotroladolandia», tenemos un Boeing, un poco más pequeño, y ruco, pero muy cumplidor, un 727 que tiene su dinastía como transporte presidencial, sus anécdotas y su costo en el egreso de las arcas del país.

Hagamos un poco de contexto ya que este tema se enmarca en la historia de la aviación mexicana.

El 8 de enero de este 2010, se cumplieron 100 años del primer vuelo en el espacio aéreo nacional; Alberto Braniff estrenó cielo azteca, según la Enciclopedia de México, en un biplano con motor de un pistón que se elevó a 25 metros de altura en los llanos de Balbuena, en el DF, por cierto, muy cerca de la zona que ahora ocupa el Aeropuerto Internacional, también por cierto, Benito Juárez.

Un año después, en 1911, viendo el potencial, tanto científico como militar de la aeronáutica, el presidente Francisco I. Madero solicitó al gobierno de Estados Unidos la compra de cinco aviones; además, envió a cinco jóvenes a estudiar las técnicas de vuelo, entre ellos Alberto Salinas Carranza y Gustavo Salinas Camiña, sobrinos del entonces gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza. El 30 de noviembre de ese año, Madero se convirtió en el primer mandatario de un país en realizar un vuelo aéreo, con un viaje de 10 minutos por los llanos de Balbuena, por unos momentos ese avión se convirtió en el primer TP01.

Sin embargo, cuentan que el primer aparato designado especialmente para el Presidente de la República fue instaurado en tiempos de Miguel Alemán, el primer presidente no general; por el contrario vino de la Facultad de Derecho de la UNAM, donde estudiaban los hijos de los generales, de ahí el mote de Cachorro de la Revolución:

En un ánimo de generar progreso y poner a tono a México al asimilar Estados Unidos como modelo económico, y cultural, se le asignó un DC-3, nada mal para su tiempo, fue uno de los cargueros más eficientes que utilizó el Ejército norteamericano en la Segunda Guerra Mundial. Con estos aviones se abrió la lucha en los años 50 por la comercialización del espacio aéreo.

Ya con Adolfo Ruiz Cortines en la presidencia, se actualizó el transporte presidencial por uno más grande, un DC-6, más amplio y potente conocido como el Francisco Zarco, según las revistas de aviación.

Cabe destacar que este transporte no se usó mucho, hasta la llegada del primer Play Boy a Los Pinos, Adolfo López Mateos, quien prácticamente en seis años tomó ventaja de la vida útil del aeronave que le dejaron sus predecesores, dicen que fue el que le mandó quitar el plástico a los asientos de tan célebre transporte;

Esté fue un mandatario muy viajero y cachondón, es conocida por todos que el dignatario le preguntaba cada día a su chalán si “hoy” le tocaba “viaje o vieja” y en ese devenir expiró el heroico Avión.

Dado que daba asco sentarse en las “lujosas” pero también sobrefiestadas butacas  Díaz Ordaz, al inicio de su gestión ordenó un modelo más pequeño, pero eficiente, y le consiguieron un turbohélice F-27 para viajes de mediano alcance.

Para el siguiente sexenio el turbohélice no fue bien visto, por su velocidad, autonomía y falta de lujo; Luís Echeverría Álvarez ordeno un nuevo avión y optó por  entrada de la turbina a la flota presidencial con un pequeño jet ejecutivo de siete asientos que, por su tamaño, los reporteros de la fuente lo rebautizaron como el Topo Gigio, haciendo referencia también a su insigne clave de TP01; sin embargo su nombre oficial fue Miguel Hidalgo, personaje importante del período de la historia de México predilecto del mandatario.

De ahí la historia se pone más interesante, porque nos acercamos a los transportes presidenciales de la era moderna, pero eso será para la próxima entrega.

Foto: cinealoido

Arturo Cravioto

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