Visita de otro mundo

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Estamos regresando de un mula puente que tuvo a bien permitirnos tener el tiempo necesario para… ¿conmemorar? ¿vacacionar? ¿relajarnos? En fin. Tuvimos oportunidad de disfrutar unos días sin actividad. Algunos aprovechamos el tiempo libre para reflexionar sobre temas de actualidad.

Recién me puse a pensar ¿cómo se le puede explicar, a algún ente de inteligencia superior, la forma de operar en nuestro país? Veamos.

Supongamos que una de las miles de naves similares al «popotito 22» que tiene registradas en video el siempre célebre Jaime Mausán, desciende sobre la explanada del estadio Cuauhtémoc -una vez que despega el helicóptero del gober- y, entre el tradicional humo de las películas de Spielberg, aparece un extraterrestre.

Imaginemos que tiene contacto con una de esas patrullas del municipio: le echan la luz a la cara y le dicen: «¿qué anda haciendo mi jefe?» el presunto «alien» pela enormes ojotes y contesta «brip, brip».

Una vez que identificaron que no hay «delito qué perseguir» porque además, no ubican dónde tiene las placas la unidad móvil sin ruedas visibles para levatar su infracción, lo dejan ir. El visitante tranforma su nave en un vehículo discreto. Decide circular por las calles de Puebla.

No sufre el calvario de los baches, porque como lo vimos en Star Wars, sus naves flotan. Pero se encontrará inevitablemente con la primera interrogante del camino. ¿Qué hacen esos autos que obstaculizan el tránsito? El «marciano» investiga y se da cuenta de que las «naves terrícolas» son tripuladas por féminas que parecen no estar programadas para entender los reglamentos de tránsito.

Sorprendido, descubre que también hay hombres que estorban en lo que los habitantes del planeta denominan «doble fila». Sin explicarse del todo el problema, decide elevar su nave y busca alguna autoridad para entablar comunicación » oficial». Extrañado encuentra a un habitante en la casa de gobierno que le explica: «no está el «jefe» porque ya se va, y el que ya viene, pues todavía no llega».

Enfrente, observa grupos de terrícolas que ingieren bebidas fermentadas y escuchan un tambor que emite sonidos cada segundo y que es acompañado por instrumentos con cuerdas. Se acerca a preguntar cosas del lugar y antes de decir el tradicional: «vengo en son de paz, desde una galaxia lejana y…» cuando un amable anfitrión ya le puso un sombrero y le empuja la cebada gasificada en la trompa. Medio borracho, el interplanetario ser expresa su malestar. Otro amable comensal le invita un mole de panza. Los 8 estómagos del «alienigena» están tan irritados que siente que lleva de pasajeros 3 gatos que le rasguñan el interior.

Como lo ven medio jarra y pálido, le dicen que no maneje y le piden un taxi. Lo aborda y continúa su sorpresa al ver un «Don Vainillo» colgar del espejo. Emite un olor que no define. La combinación de alcohol, mole y dulce, le genera visiones.

Finalmente toma la decisión de teletransportarse hasta donde aterrizó. Reflexiona y supone que será mejor idea buscar otro planetas que se entiendan mejor. Su pesadilla no ha terminado. Sus 8 estómagos han hecho digestión. Está escrito. Comió mole e hizo pescado…

Foto: Arkangel

Manuel Frausto Urízar

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