Énfasis

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Es increíble la fuerza que tienen las palabras. El énfasis, la intención y la cara son fundamentales para entender la verdadera situación que tenemos enfrente. Imaginen la escena.

Dos mujeres se encuentran en el baño, durante una celebración. Tras el tradicional saludo de “¡ay, qué gusto verte “Punchis” Corcuera!” y el acostumbrado ¿cómo has estado? Bien ¿y tú?, inician los “ladrillazos”.

“Te ves muy bien, ¿estás a dieta?”. La pregunta puede tener intenciones varias, según comentan las féminas. 1.- El comentario es irónico y lo dice porque me veo gorda. 2.- Me vio muy bien y por envidia me preguntó, aunque no le causó mucho gusto mi espléndida figura. 3.- Quiere saber si de verdad estoy tomando algo milagroso y no se lo voy a decir.

Y si a esas frases le sumamos la cara con sonrisa fingida y la mirada penetrante, el resultado será contundente. Se convertirá en el tema central del resto de la fiesta y las miradas se cruzarán con más sonrisas simuladas.

Lo mismo pasa con los hombres, aunque algunas cosas cambian. El diálogo es breve. Normalmente acompañado de un “sí ca” o “no ca”. En fin.

No es lo mismo que la maestra te diga, con las manos en la cintura a manera de jarrito, te espero en la dirección, a que lo haga con las manos más relajadas, un tono más cantado y levantando una ceja. La interpretación sería totalmente distinta.

Cuando su mujer les dice: “¿no trajiste el pan papito?”, no hay más; la mujer está controlando su ira para no transformarse en una pantera y reventarte una “madrina” como la de Margarito.

Toda esta reflexión es porque hay veces que el énfasis, los gestos y las palabras adecuadas, no surten el efecto deseado. Si no me creen, vayan a algún crucero de la ciudad y responda negativamente al ofrecimiento de que te limpien el parabrisas. Verán que de nada sirve decir: “no por el momento, muchas gracias” y que el lenguaje corporal sea serio. El sujeto terminará lanzando la esponjita al cristal, acompañado de un “a la vuelta de da una monedita”.

Cuando termina de “limpiar” el parabrisas te vuelve a ver, esperando que salga una moneda de algún lugar del vehículo. Es decir, le valió tu negativa y además desea que hayas recapacitado, que aceptes la lavada y que le des la moneda.

Así –dadas las condiciones– es imperativo ser claro en las palabras, la intención y el lenguaje corporal, para que todo se entienda como se pretende. Si lo logran con los limpiaparabrisas, espero me avisen, para aprender el método que nos lleve a salir de tal situación. Si lo logran con ellos, lo podrán hacer con quien sea.

Foto: leo.prie.to

Manuel Frausto Urízar

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Dicen que soy una perfecta “mula”. Comunicólogo. Disfruto los generosos momentos que nos brinda el futbol, la música y el sarcasmo. Odio odiar. Me gustan los caminos cortos. Me aburren los laberintos. Fundamental, la lealtad. Indispensable, el agradecimiento. Decidido a combatir y el crimen y la injusticia día y noche, sólo descansando para tener amoríos con mujeres hermosas.

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