Distinto

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El fin de semana no podía ser más intenso. Primero, Myriam Arabian pide licencia para separarse del cargo y arreglar un «pendiente». Después, el «desgarriate» que involucraba a un helicóptero y a Javier López Diaz. Un tweet que decía «Que hubo un accidente en helicoptero» desató la avalancha de indignados y expertos.

Pero más allá de los anecdóticos acontecimientos, y ante la encrucijada de ver el partido entre Morelia y Cruz Azul, o ir a ver a U2, decidí cerrar la semana con algo distinto.

«Donde se sienten se ve muy chido» dijo la «doña» que nos recibió amablemente con tres vasitos de litro, cargados de cerveza. Relató con entusiasmo que ha estado en los dos conciertos anteriores de U2 y que iba a cerrar la hazaña con nosotros de adorno en su zona de venta.

Un ¡Goooooya! se escuchó en la tribuna y la inmediata respuesta de los casi 80 mil pleados que ya había a esa hora, fue contundente. La rechifla fue del tamaño del coloso. Ni hablar, no llegaron los seguidores de Pumas al concierto, pensé. Seguro se les acabó su domingo en la semifinal ante Chivas.

8 de la noche. Las luces se apagan y salen unos chavos al escenario. Una banda llamada Snow Patrol (con un vocalista, que con unas chelas lo confundirías con Benny Ibarra) encendió los motores.

En un detalle, digno de candidato en campaña (el vocalista, Gary Lightbody) hizo las delicias de los que tapizaban el Azteca, al quitarse la camisa y mostrar su playera de la selección mexicana, con el 14 y «Chicharito» en la espalda.

La hora se acerca y mi mente está en el Morelos. ¡Que gane la Máquina! No soy su seguidor, pero no quiero soportar a los «aztecos» con su equipo en la final.

Veo la estructura del escenario y reflexiono: «caray, por que no hubo toda esta tecnología para la legendaria agrupación Los Xochimilcas, qué bien hubieran sonado».

Imaginé también el Azteca lleno, con juego de luces y video, mientras aparece repentinamente en el escenario, entre explosiones y pirotecnia, un sombrero… y debajo de él, El Piporro.

Un sonoro «ahí ta la sopa, la sopa» terminó con la imagen que estaba construyendo. Entra un ejército de técnicos que quita los instrumentos de los teloneros, para dar paso a los «fregones».

El momento llegó.

Un despliegue impresionante en producción de audio y video. Los más de 100 mil espectadores corearon a morir las canciones y se desgranaron en una ovación interminable. “Elevation”, con un niño en el escenario, cantando con Bono, fue un ingrediente más para su último concierto en la ciudad de México.

Incluyó un mensaje para los Estados Unidos. “¿Por qué se habla en las noticias de la droga que se produce en México y no de las armas que vienen de allá?. Los asistentes aplaudieron con rabia. Acto seguido, el grito «México, México».

Una grata experiencia. Más allá de creer o no su discurso, el espectáculo que brinda U2 es bueno y la producción es impresionante.

Pero insisto, ¿qué sería de Rigo Tovar, de haber contado con toda esa tecnología?

Manuel Frausto Urízar


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