Recordando, recordando…

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Reminiscencia (Reminiscence), de Lisa Joy, ubicada en el futuro cercano, es algo así como dos películas: una relativa al consuelo buscado en los buenos recuerdos ante un porvenir incierto –en este caso, debido a un planeta en guerra, inundado, enfermo– y otra, más de fórmula, que aprovecha ese contexto para enmarcar la historia de un amor perdido entre enigmas y traiciones. La primera película, básicamente el 1er acto, sin duda es lo más seductor, lo más intrigante, de Reminiscencia. Nick Bannister (Hugh Jackman), un veterano de guerra capaz de transitar por los recuerdos y la memoria, ofrece a sus clientes esa posibilidad: la de rememorar lo que cada cual quiera, sumergidos en un “tanque para recuerdos” (digamos) y con la ayuda de una inyección. Es así como conoce a Mae (Rebecca Ferguson), de quien se enamora instantáneamente, pero que misteriosamente desaparece de su vida al cabo de unos días. Los dos actos restantes –la otra película– seguirán al desolado Nick en busca de Mae, encontrando en cambio desquiciantes, dolorosas revelaciones. Reminiscencia no se desbarranca, ni mucho menos, en medio de esto, pero en buena medida pierde el encanto de su premisa inicial, convirtiéndose, como dije arriba, en otra cosa; en un noir contemporáneo que batalla (a ratos más, a ratos menos) para sustentarse por sí mismo, sin que –debe admitirse– todo eso sci-fi de regresar en la memoria pierda la relevancia de su papel. Al final, queda la impresión de que Reminiscencia sale a flote, pero pudo ser mucho más plena, como película y como reflexión. Actúan también (al paso de la omnipresente y hermosa balada “Where or when”) Thandie Newton (Watts), Cliff Curtis (Cyrus Boothe) y Marina de Tavira (Tamara Sylvan).

En complemento de lo anterior, hay que decir que la memoria, los recuerdos y el subconsciente que les ronda han sido múltiples veces tratados por el cine. En automático se viene a la cabeza Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), de Michel Gondry, en la que una pareja “fortalece” su ruptura sometiéndose a un procedimiento que borra de su memoria todos los recuerdos relativos al otro. De ahí algunos de sus taglines, como los cuatro siguientes: ¿Tú me borrarías?; Esta primavera, despeja tu mente; ¿Te conozco?; Reemplaza mi memoria. Por igual, desde luego, Amnesia (2000), de Christopher Nolan, a propósito de un hombre sin memoria de corto plazo a partir del asesinato de su esposa. Esta cinta manipula al tiempo real al contar uno de sus timelines literalmente hacia atrás: es decir, desde su conclusión hasta su planteo, en una estructura narrativa tan heterodoxa que, a fin de cuentas, la hace difícil de seguir. Y más recientemente, Doctor Sueño (2019), de Mike Flanagan, especie de continuación de El resplandor, cual sabemos. En ella, Danny Torrance es ya un inestable cuarentón alcohólico, todavía acosado por el recuerdo de los terribles eventos de su infancia. A fin de proteger a una niña amenazada (poseedora de “resplandor”, como él años antes), Danny debe volver al Overlook Hotel, si bien eso lo regresa a confrontar su angustioso pasado, que amenaza con materializarse de nuevo. La memoria y los recuerdos pues, que frecuentemente son canijos.

Pero vuelvo brevemente a Reminiscencia, para destacar lo bella y enigmática que en ella aparece Rebecca Ferguson como Mae, con lo que muy bien se entiende por qué la automática, contundente, atracción sobre Nick. A Ferguson –nacida en Estocolmo– justo la vimos en Doctor Sueño como Rose the Hat, otra mujer bella, enigmática y muy poderosa. Algunos títulos de su filmografía reciente: Misión imposible: nación secreta (2015); La chica del tren (2016); Life (2017); El gran showman (2017); Misión imposible: repercusión (2018) y, aun sin estrenar, Dune (2021), en el rol de Lady Jessica. Además, ya filma Misión imposible 7 y Misión imposible 8 (títulos provisionales), en las que repetirá a la Ilsa Faust de las dos anteriores. Hay Rebecca Ferguson para rato…y qué bueno.

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