Vivir, muriendo

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Alfredo Naime

Hay películas que no pueden “disfrutarse” –en la acepción acostumbrada del
término– pero son valiosas. Es el caso de la francesa Mientras esté vivo (De son vivant), dirigida por Emmanuelle Bercot, inmersa en el terrible ámbito del cáncer. En ella,
Benjamin (Benoit Magimel), de sólo 39 años, es diagnosticado con cáncer terminal. El Dr.
Eddé (Gabriel A. Sara), su médico, hombre cercano y afectuoso (enemigo de mentir
piadosamente a sus pacientes), le hace saber que le quedan entre 6 y 12 meses de vida. Le promete acompañarle todo ese trayecto, por un camino, de desenlace inmutable, que será cada vez más complicado. En la ecuación está, inconsolable, Crystal (Catherine Deneuve), madre de Benjamin, quien se aferra a la idea de que algo más puede hacerse. También entra en juego Eugénie (Cécile de France), crecientemente conmovida más allá de lo profesional. 12 meses, poco más o poco menos, en los que todos se verán sacudidos por la situación, que inevitablemente abre, además, resquicios para el perdón y la redención.

Lo dicho, Mientras esté vivo es una cinta dolorosa por definición, que no puede
disfrutarse, pero sí –mucho– valorarse. Evita escrupulosamente el melodrama, con sus
personajes representando los sentimientos y rasgos involucrados, sin contaminarse de
clichés: desolación y enojo (Benjamin), negación y esperanza (Crystal), compasión y
raciocinio (Dr. Eddé), ternura y confusión (Eugénie). Sentimientos, todos ellos, que en
diferentes momentos traspolan de un personaje a otro, en sinergias que les fortalecen o
fragilizan mientras avanza el proceso, que encuentra una especie de símil en las estaciones de ese año: verano, otoño, invierno, primavera. La interpretación de Benoit Magimel como Benjamin es conmovedora. Bajó drásticamente de peso para ilustrar la devastación a la que lleva el cáncer, más allá del maquillaje y de otros recursos a mano para el caso. Deneuve, Sara y de France también están notables, cada cual con una humanidad de perspectivas diferentes, acorde a su rol de vida.

Es de destacar el tratamiento de la directora Bercot al médico y la enfermera: no
sólo son “presencias inevitables” en un caso como el de Benjamin, sino seres genuinamente afectados por los eventos, en un entorno de sentimientos y vida propia que quedan de manifiesto en sesiones terapéuticas de “desahogo”, al interior del hospital. Son sesiones del staff médico en pleno –comandadas por el Dr. Eddé– que a veces hasta terminan con música, sin que ello resulte “impropio”, sino más bien renovador, frente a las tensiones e impactos de su desempeño diario. Un plus de la película, puesto que rara vez se considera este ángulo de médicos y enfermeras, que de común parecen estar, simplemente, cumpliendo con las rutinas de su trabajo. Mientras esté vivo es pues un film valioso, sensible, agradecible incluso, aun en el marco de su realidad agobiante. Y claro, no una opción para esos cinéfilos que declaran ir al cine sólo a pasarla bien y olvidarse de sus diarias dificultades.

Por otra parte, murió Jean-Luc Godard, el más revolucionario e iconoclasta de los
nuevaoleros franceses de los 60s y 70s. Son decenas sus películas importantes, figurando
Sin aliento (1960) y Pierrot el loco (1965) entre las más conocidas, sin estar a la zaga otros títulos representativos de su filmografía, como Una mujer es una mujer (1961), Vivir su vida (1962) y Masculino, femenino (1966). En estos días, casi ya todo se dijo de él, pero rescato aquí seis de sus memorables frases: El cine empieza con D.W. Griffith y termina con Abbas Kiarostami // Un relato debe tener inicio, mitad y final, no necesariamente en ese orden // La fotografía es la verdad; el cine es la verdad 24 veces cada segundo // Tú no haces una película; la película te hace a ti // Todo lo que necesitas para hacer una película es una chica y una pistola // Yo hago cine para pasar el tiempo. QEPD, Jean-Luc Godard.

 

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