CUMBRES…FARRAGOSAS

Alfredo Naime
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CUMBRES…FARRAGOSAS

Alfredo Naime

Sólo he visto una vez la Cumbres borrascosas (así, con comillas) de Emerald Fennell, por lo cual todavía no estoy listo para comentarla como se debe; es decir, con las certezas que da un segundo visionado. Pero sí puedo adelantar algunas impresiones de origen, que por lo dicho, no considero concluyentes. Comienzo por lo que es más evidente: visualmente es una película que luce magnífica, a partir de unas fotografía y dirección de arte que la revelan como una producción ambiciosa –ya no digamos cara– cual era de esperarse de la más reciente adaptación de la novela clásica de Emily Brontë. ¿Es fiel a la misma? Sin tener ésta fresca en la memoria, me parece que no, a lo cual Fennell ya se ha referido con una “explicación” que suena más a argucia: “Por eso el título va enmarcado por unas comillas”. Personalmente, no siento que eso zanje el asunto, pero menos aun basta para descalificar a su película. Desde luego, lo argumental esencial está: el intenso, tormentoso romance entre Catherine Earnshaw (Margot Robbie) y el “gitano” maltratado Heathcliff (Jacob Elordi), adoptado cuando niño por el padre de ella, el ya para entonces decadente dueño de Wuthering Heights. Una relación trunca, condenada de origen por razones de raza y clase, que deriva en dolor, tormento y venganza de tintes trágicos.

A falta de esa segunda mirada necesaria, hasta aquí Cumbres borrascosas me gusta poco. En buena medida, porque Robbie y Elordi se perciben más “ellos mismos” que como Catherine y Heathcliff, sintiéndose su química menos natural que impuesta. También, porque sus (no pocas) escenas íntimas parecen diseñadas en “aprovechamiento” de su apostura y no del fuego que llevan dentro. Además –y pudiera ser esto lo más grave– hay una cierta planeza en ambos que no corresponde a la intensidad de sus avatares. En cambio, la cinta de Fennell nunca te desconecta ni te permite desentenderte, porque muestra con impacto sus eventos, alimentando la sensación de que todo eso latente va a reventar sí o sí y no de la mejor manera (esto, sin relación directa con haber leído la novela o no). Pero voy a detenerme aquí, por lo mencionado al principio: en mi caso, Cumbres borrascosas requiere de un segundo visionado; es lo justo, antes de cualquier valoración que pudiese resultar precipitada. ¿Y saben? No me siento “obligado”; tengo ganas de hacerla. Así pues, confío en retomar apuntes sobre el film en breve, seguro con menos “borrasca” ya.

Hablando de otras cosas, la FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) ha convocado a sus miembros a votar por uno de entre cinco títulos finalistas, para definir el Grand Prix a Mejor Documental del 2025. El ganador será anunciado en la ceremonia de apertura del Millenium Docs Against Gravity Film Festival, el viernes 8 de mayo, en Varsovia, Polonia. Los docus aspirantes son: Fiume o morte! (Croacia-Italia), de Igor Bezinovic, relativo a la ocupación de la ciudad de Rijeka por parte de Gabriele D’Annunzio en 1919; Orwell: 2+2=5 (EEUU-Francia), de Raoul Peck, que borda en la vida y obra de George Orwell, así como en su influencia sobre el mundo contemporáneo; 2000 metros a Andriivka (Ucrania-EEUU), de Mstyslav Chernov, testigo del peligroso rescate –a cargo de un pelotón ucraniano– de una villa en poder de la milicia rusa; Mr. Nobody against Putin (Dinamarca-Chequia), de David Borenstein y Pavel Talankin, sobre los dilemas éticos de la educación de los niños rusos en tiempos de guerra, ante la propaganda militar; y finalmente, La vecina perfecta (EEUU), de Geeta Gandbhir, que escala de un problema menor entre vecinos a consecuencias trágicas, derivando incluso en la revisión de las leyes de autoprotección en EEUU. Me encuentro entre los votantes, con lo que los siguientes días habré de ponerme en modo documental, lo cual me alegra mucho. Y como dije, será hasta dentro de tres meses que sepamos a quien otorga la FIPRESCI su Grand Prix, justo “en aires de Varsovia”.

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