El día de la revelación (Disclosure day), de Steven Spielberg, tiene que ver –otra vez– con un asunto presente por décadas en la mente y creatividad del director: la posibilidad de vida extraterrestre. Esta vez el arranque es inmediato: en una función de lucha profesional, dos personajes (ni siquiera presentados todavía) están cautivos y amenazados, a propósito de algo que no sabemos. Se trata de Daniel Kellner (Josh O’Connor) y su novia Jane (Eve Hewson), quienes en apariencia tienen un dispositivo con información secreta –vital– que es lo que desean sus captores, agentes de una corporación llamada Wardex, que justo es de donde esa información fue robada. Milagrosamente la pareja escapa, aun en poder del dispositivo. ¿Qué contiene? ¿Por qué todos lo quieren, al grado de jugarse la vida por él, rompiendo todas las reglas? Paralelamente, ubicada en otro sitio, se nos deja conocer a Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga de cierta fama por sus reportes en televisión, quien sorprendiendo a todos y a sí misma, de la nada empieza a hablar en idiomas extranjeros, así como a saber cosas personales –íntimas, recónditas– de las personas con quienes se cruza. Además, sin conocer a Daniel y Jane (ni saber por qué), Margaret “percibe” a la distancia lo que está sucediéndoles, siendo presa de una incontrolable necesidad de buscar a Daniel en especial.
Es a partir de esto que, segmento a segmento, va sugiriéndose que ambos, Margaret y Daniel, son eslabones centrales de algo que viene de muchas décadas antes: la presencia extraterrestre entre nosotros, enrarecida precisamente desde la Corporación Wardex, que en distorsión de cualesquiera atribuciones éticas, no sólo la mantuvo en secreto, sino que además resguarda todo lo relativo a los experimentos clandestinos ejercidos por la milicia sobre las nuevas y desconocidas formas de vida. Así pues, atamos los cabos: lo que el argumento de El día del descubrimiento desarrolla es la desesperada lucha de unos cuantos por revelar al mundo (finalmente) la certeza de la existencia alien, enfrentándose a esos otros –muy poderosos– empeñados en seguir ocultándola, aduciendo una humanidad “impreparada” para aceptarlo, en buena medida por razones de fe. Y claro, lo que contiene el dispositivo que Wardex tan urgentemente quiere recuperar, son las miles de evidencias grabadas que muestran las abusivas intervenciones sobre los llegados al planeta.
El día de la revelación es quizá una película más apasionante que redonda. Apasionante, porque el foco y el oficio de Spielberg consiguen tal adjetivo siempre, casi en automático. No tan redonda, porque en algunos momentos se complejiza demasiado, en aras –me parece– de no ser meramente espectáculo, sino también, y al paso, un discurso serio sobre cuál debiera ser (en cuanto a lo que podemos controlar) nuestra “fotografía” como raza frente a un otro diferente; frente a los otros desconocidos. ¿Queremos en verdad entender, dialogar? Spielberg afirma que ellos sí, puesto que en un momento definitorio de la película, abren la conversación diciéndonos: “Escuchen…”. Viene pues a cuento lo escrito por Alex Harrison para Screen Rant: “El día de la revelación está hecha para un mundo que pasa la mayoría del tiempo mirando hacia abajo. Metafóricamente, absortos en nuestro trabajo y nuestras luchas; literalmente, succionados por los teléfonos que han invadido nuestras vidas. Como si mirar al cielo fuera una exigencia demasiado grande en este contexto, Spielberg utiliza su poder como director para animarnos a que nos miremos los unos a los otros. El resultado, otra gran película, en una carrera repleta de ellas. Estructurada como un thriller de ritmo trepidante digno de Indiana Jones, El día de la revelación es un intento de afrontar este momento cínico y dividido, tratándolo con empatía y una buena dosis de entretenimiento clásico”. (Por cierto, el otro “día de la revelación” será este domingo 19 de julio, por ahí de las 3:00 pm).


