Ya hay fecha aparentemente definitiva para el estreno de la sátira política Digger, la más reciente película de Alejandro G. Iñárritu: viernes 2 de octubre, para que no se olvide. Cual se sabe, es Tom Cruise el protagonista, en el rol de Digger Rockwell, el dude más poderoso del mundo. Hablada en inglés y fotografiada –en 35mm– por el talentoso Emmanuel Lubezki, se la promociona como “Una comedia de proporciones catastróficas”. Se trata, por cierto, de una coproducción EEUU-Reino Unido-México. Habrá que verla, siendo el deseo, claro, que le vaya tan bien como a otros proyectos de Iñárritu, ganador de cuatro premios Oscar –tres por Birdman, uno por El renacido— y por igual nominado al mismo por Babel. Recordemos brevemente a estas tres cintas, mientras llega el momento de conocer y valorar Digger, cuya expectativa es ya muy amplia.
Babel (2006). Cuatro historias, en diferentes geografías, se conectan trágicamente a partir del disparo de un arma de fuego. Más serena (de menos moviola) que las cintas previas de su director, Babel también se aleja de las formas narrativas tradicionales. Las historias que le dan sustento argumental tienen que ver con el desamparo; con esa miseria íntima que surge de un hecho fuera de nuestro control, ante el que la única sensación inmediata es la impotencia. Y es en el choque de culturas –tratado con respeto y hasta con ternura por Iñárritu– donde radica, latente siempre, el riesgo de conflicto e intolerancia cuando la fraternidad no aparece. A Babel podrá reprochársele ser algo larga, e incluso reiterativa en un par de secuencias; poco en verdad para desmerecer una obra emotiva, de gran corazón, llamada a permanecer en nuestra razón y sensibilidad por largo tiempo.
Birdman (2014). En ella, Riggan Thomson –un actor otrora célebre por encarnar en películas al superhéroe Birdman— se empeña en un “regreso” a la popularidad, a través de una puesta en escena teatral en la que invierte cuanto tiene. Sólo que aún antes del estreno, todo comienza a irle mal. Además, en diversos momentos es molestado e interpelado por su alter-ego: un hombre-pájaro jodón, burlón y escéptico. Pero como “el show debe seguir”, en ese trámite Riggan quema sus naves: sin vuelta atrás, lo reduce todo a matar o morir. ¿Sobre qué trata Birdman en cuanto a tema? No sobre el mundo del teatro, como algunos dijeron, sino sobre el “teatro de la vida” y el genuino impulso de pertenecer a él. Interesante en todo momento, desconcierta un poco que ciertas cosas pasen llanamente porque sí, o eso parece por falta de indicios más puntuales. Y sí, también desconcierta la elección, como recurso narrativo, de ese aparente plano-secuencia único de 119 minutos, cuando el tiempo argumental es de varios días. En cambio, es palpable el depurado dominio que del oficio fílmico demuestra Iñárritu. A fin de cuentas, Birdman canaliza de forma sobresaliente su apuesta y termina ofreciendo un show total, oscilante entre la comedia negra –lo menos sustantivo– y una oda (o algo parecido) a la urgencia de vivir con plenitud. Finalmente…
El renacido (2015). En el crudo invierno de 1823, una expedición de cazadores mercaderes de pieles es atacada por indios en territorio inexplorado, a días de distancia del pertrecho militar más cercano. En la huida, el trampero y guía principal Hugh Glass es atacado por una grizzly que lo deja al borde de la muerte. Cruel y desleal, el tipo a cargo de cuidar al moribundo lo abandona, dejándolo solo ante a una muerte segura. Pero desde la fuerza de espíritu –y principalmente, desde el deseo de venganza– Glass “renace” (casi literalmente) para ir en busca de quien lo traicionó y asesinó a su hijo. Western atípico realizado con virtuosismo, El renacido, con todos sus méritos, es un film difícil: largo, de muy gráfica violencia, de narrativa sinuosa, e incluso –a contracorriente de su contenido– con alardes de trascendencia estética y de aptitud creativa que para nada son pecado, pero que lo hacen una obra más de élite y para “exigentes” que para el cinéfilo mayoritario.

