Las cinco películas nominadas al Ariel como la mejor del año, son: En el camino, de David Pablos; El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja), de Enrique Martínez Bucio; La libertad de Fierro (documental), de Santiago Esteinou; El último azul, de Gabriel Mascaro, y Vainilla, de Mayra Hermosillo. De ellas, hasta el momento sólo conozco las dos primeras, de 13 y 8 nominaciones respectivamente. Aquí las ubico, comenzando con la que, desde ya, aparece como favorita…
En el camino. El jovencito Veneno (Víctor Prieto Simental) y el trailero Muñeco (Osvaldo Sánchez) se conocen en un paradero, al costado de alguna carretera del norte del país. Veneno es gay, traficante de drogas al menudeo; Muñeco, un adicto que consume casi al mismo ritmo que maneja. Acepta darle “raite” a Veneno (pronto sabremos que viene huyendo), con lo que, entre el devorar de los kilómetros, ambos hombres irán hallando y estrechando un vínculo genuino. Uno que lo mismo los hace compas, socios, cómplices, igual que íntimo consuelo físico –el uno para el otro– ante las nostalgias y soledad de la carretera. Además, Veneno no es el único que huye y se esconde; lo hace también Muñeco, derrotado por sus vicios y avergonzado por el creciente rechazo de su mujer y sus morritos, a quienes cada vez ve menos. Así el entorno del par, que terminará inexorablemente más unido por el pasado reciente de Veneno. Porque no hay carretera ni distancia que valgan para esquivar destino, una vez que quien manda, el patrón, baja el pulgar y “te la jura”.
En el camino, además de triste, es cruda, sórdida, amarga, lo cual se asume bien desde la butaca por la calidad de su realización. Lo que en ella impera, en todo momento, es verosimilitud: en las actuaciones, en las honduras emocionales, en los diálogos y en cómo se viven y dicen los mismos. Aunque toma un rato entenderlo y aceptarlo, la aspereza y el filo de todo cuanto sucede en pantalla está imbuido de humanidad, de sentimiento genuino, no siempre acorde o cercano a lo que tradicionalmente consideramos deseable y correcto. Pero es así como andan ciertas cosas, según escuchamos y nos enteramos todos los días. Entonces, En el camino es un espejo fiel, riguroso, atento a no dar concesiones. Desde luego, serán muchos a los que no agrade su realismo incómodo –entendible, porque lo es– pero incluso estos distinguirán que lo que el film refleja no es su culpa como espejo, sino de lo que cotidianamente se le pone enfrente: narco-poder, corrupción, violencia, familias fracturadas. A todo ello alude En el camino, aunque parezca que sólo se ocupa de las microhistorias –y de la historia entre ellos– de dos infelices de poca monta y sino trágico. Créanme: no es así. El Ariel la nomina a Película, Director, Guion Original (David Pablos), Actuación Masculina (Osvaldo Sánchez), Coactuación Masculina (Mariano López Sosa), Actor Revelación (Víctor Prieto Simental), Fotografía (Ximena Amann), Edición (Jonathan Pellicer), Música (Andrea Balency-Béarn), Diseño de Arte (Belén Estrada), Efectos Visuales (Jorge Palma Bermúdez), Maquillaje (Adam Zoller) y Vestuario (Felipe Criado).
El diablo fuma. En Ciudad de México, cinco hermanitos de clase media-baja –de entre 6 y 12 años– se aferran a la relación entre ellos y con su abuela (dama paranoica “del Diablo”), para “normalizar”, inconscientemente, la ausencia –temporal, suponen– de sus padres. Esto, entre juegos, peleítas, los dictados pop de los 90s, y sí: la visita del Papa por la tele. La mirada e intención se logran, acaso disminuidas por la recurrencia y por una estética que enfatiza el naturalismo, si bien a costa de los códigos narrativos. Los aplausos son más para la intención que para el resultado. Nominada al Ariel a Película, Ópera Prima, Director, Guion Original (Martínez Bucio, Karen Plata), Coactuación Masculina (Gamboa Bernardo), Actor Revelación (Donovan S. Martínez, Laura Uribe Rojas), Edición (Martínez Bucio, Karen Plata, Odei Zabaleta). Como arriba dije, En el camino es la gran favorita.

