Pocos años atrás, un buen amigo argentino me dijo: “El cine argentino se ha convertido en películas en las que aparece Ricardo Darín, o alguien que se parece a Ricardo Darín”. Hay en esta suerte de queja algo (o mucho) de exageración, pero en efecto, en las últimas dos décadas y media, una buena cantidad de películas argentinas destacadas han llevado a Darín como protagónico. A la fecha tiene ya más de 100 títulos en su haber, de los que elijo estas 10 cintas para ilustrar el aserto de mi estimado amigo pampero. Son, en orden cronológico: Nueve reinas (2000), de Fabián Bielinsky; El hijo de la novia (2001), de Juan José Campanella; Luna de Avellaneda (2004), de Campanella; El aura (2005), de Bielinsky; XXY (2007), de Lucía Puenzo; El secreto de sus ojos (2009), de Campanella; Elefante blanco (2012), de Pablo Trapero; Relatos salvajes (2014), de Damián Szifron; Truman (2015), de Cesc Gay; Argentina 1985 (2022), de Santiago Mitre. Algunas de ellas, es cierto, son coproducciones, sin que por ello pierdan su “argentinidad” (digamos).
Ahora bien, todo este preámbulo está motivado por la aparición en Netflix de Lo dejamos acá (2026; título internacional Therapy done right), de Hernán Goldfrid, en la que Darín interpreta a Ulises Verón, un psicoanalista afamado, quien en su discurso de no-aceptación de un premio importante, se declara decepcionado de su disciplina médica, considerando su ejercicio tradicional ya insuficiente para la genuina recuperación de los pacientes. Es a partir de esto que Verón, sin mucho pensarlo, empieza a entrar más y más, de manera directa, en las vidas de sus pacientes, con la intención de ayudarles más efectiva y contundentemente. Justo entonces le solicita terapias el famoso/exitoso escritor Martín Bouchard (Diego Peretti), quien le confiesa un ya largo, muy alarmante, bloqueo creativo, que no le ha dejado entregar una nueva novela que ya hasta cobró. Dubitativo al principio, el Doc Verón decide aceptarlo como paciente, incentivado por el reto mayor que significa, así como por sus (irreflexivas) nuevas dinámicas de acción intrusiva. ¿Hay consecuencias? Muchas y grandes, por supuesto.
A despecho de un par de sorpresivos giros hacia lo obscuro, Lo dejamos acá no deja de ser una comedia, con escenas y momentos realmente divertidos, en especial al inicio de la relación entre Verón y Bouchard. Sí llama la atención –pero en su carácter de comedia distrae poco– que sean leves, de poco peso, los esbozos de juicios reprobatorios por las incorrecciones éticas de los nuevos métodos de Verón. Pero insisto, es sobre eso que centralmente surca el elegido tono comédico. Así pues, ayuda ver esta película desde los rasgos del divertimento y no tanto desde esos de la razón. Ricardo Darín y Diego Peretti están sólidos como siempre, compartiendo buena química (ojo con la escena de su baile entre una borrachera, que es de antología). Entonces, para pasar un buen rato de 98 minutos (no mucho más que eso), consideren acercarse a Lo dejamos acá…o déjenlo y listo.
Y ya sobre algo completamente distinto, tuve la oportunidad de ver el documental Naza –codirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor– Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia. Yuval y Rachel son cineastas israelíes; filmaron de noche, en la clandestinidad de diferentes azoteas de edificios de Tel Aviv. Recabaron testimonios de 24 soldados inmersos en los términos y logística de los ataques sobre Gaza de las Fuerzas de Defensa Israelí, en los que iba aprobada la muerte de civiles, justificados como daños colaterales. Naza, pues; el término que designa la tasa de bajas civiles por cada ataque. Al no verse sus rostros (obscurecidos) y estando sus voces manipuladas, es difícil discernir si hay o no –mínimos al menos– rasgos de arrepentimiento en algunos de los entrevistados. Pareciera que no, pero yo intuyo que sí, aunque no declarado. Es complicado escribir sobre algo así de doloroso, así de apabullante; pero se impone tomar fuerza, para ampliar.

