50 AÑOS DE AQUELLA JOVEN QUE NO PUDO MÁS

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Alfredo Naime

Se ha vuelto costumbre que cada año, durante las “fechas Halloween”, alguien me pregunte cuál es mi película de horror favorita. La respuesta no ha cambiado: El exorcista (1973), de William Friedkin. Pero me insisten: “¿Y alguna más reciente?”. Bueno, hay muchas; entre ellas, sin pensarle mucho, Cuando acecha la maldad (2023), de Demián Rugna, y Midsommar: el terror no espera la noche (2019), de Ari Aster. En su momento reseñé ambas con amplitud, por lo que aquí sólo las ubico brevemente…

Cuando acecha la maldad es argentina y resultó una de las sorpresas más grandes de aquel 2023, en cuanto al cine de horror. Su punto de partida argumental es el siguiente: en alguna zona rural argentina, dos hermanos luchan por eliminar a un “embichado” (un poseído que está por “dar a luz” a un nuevo demonio), a fin de evitar consecuencias terribles a sus seres queridos y comunidad. Sólo que, al intentarlo, sus acciones se salen de control y generan males mayores. Una película sumamente efectiva y original, de un horror realista en verdad escalofriante. Por su parte, en la estadounidense Midsommar cuatro norteamericanos viajan a Härga, en la campiña sueca, para las festividades dedicadas al solsticio de verano por parte de una comunidad parecida a lo hippie. Encuentran música y gente amable, una geografía luminosa y un inspirador respeto por la naturaleza; pero también –para su incredulidad– encuentran horror, en la forma de inconcebibles rituales contra natura. Una cinta brava, de horror atípico, espeluznante más por la connotación de los eventos que por lo que ves en ella, lo cual incluye al menos un par de giros alucinantes. Entre otros aspectos filosos, bucea por el incesto, igual que por el escenario de hacer posible la interrupción de la vida por el mero hecho de ancianidad.

Ahora bien –no hay duda– otra cinta de horror atesorada es Carrie (1976) y está cumpliendo 50 años. Dirigida por Brian De Palma (y ya con status de película de culto), su rotunda efectividad aun sacude a los cinéfilos del mundo. Es quizá la definitiva fábula de revancha en el high school; un caramelo para todos quienes recuerdan su paso por la prepa como una época de rechazos y ridículo. Versa sobre una adolescente capaz de telekinesis, impulsada a la venganza por un perenne hostigamiento cruel de sus condiscípulos, y por los represores prejuicios religiosos de su madre fanática. Una trama ejecutada con maestría por De Palma, en un estilo cercano al gran guiñol. La novela de origen fue escrita por el todavía desconocido Stephen King, quien en adelante se cansaría de producir libros. Curiosamente, Carrie también sirvió para vender el libro, que antes sirvió para hacer la película.

Carrie es recordada por muchas cosas; por diversos momentos y detalles. Uno de ellos, la inicial secuencia del locker room de las colegialas, que también enmarca la primera menstruación de la protagonista, aterrada por carecer de información al respecto. Hay una anécdota vinculada, contada por el editor de la película Paul Hirsch: “Los créditos de inicio se dan mientras las estudiantes circulan sin ropa por el vestidor, tras de la clase de deportes, con mi nombre apareciendo en pantalla justo cuando la hermosa Nancy Allen camina desnuda hacia la cámara. Mis amigos me reclamaron después: ¡Tú eres el editor del film! ¿Cómo es posible que tu nombre nunca aparezca?”. (Bueno, ni cómo culparlos). Otro recuerdo siempre presente es el de su final espeluznante. Incluso quienes esperaban afuera para ingresar a la siguiente función, escuchaban el aullido colectivo; 15 segundos después, las puertas de la sala se abrían para desalojar a esa audiencia. Viendo aquellas caras, los nuevos parroquianos en fila –más que inquietos– se preguntaban: “¿Pues qué rayos sucedió ahí adentro?”. El reparto de Carrie casi exclusivamente fue de jóvenes en busca de un “trampolín” al estrellato: Sissy Spacek, Amy Irving, Nancy Allen y hasta un tal John Travolta. Eventualmente todos lo alcanzaron, en mucho gracias a Carrie, de 50 años ya.

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