¿Conocen las direccionales?

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Caminando hacia mi trabajo -como todos los días- quise pasar una calle y me fijé hacia los dos lados; no vi nada extraño, así que crucé. No sé de dónde diablos apareció un carro a toda velocidad dando vuelta patrullera y con una preocupación nula por llevarse a un humano (típica de estos lares) pasó a escasos centímetros de donde estaba un segundo antes y me pregunté ¿Qué me falló acá?

En el mundo de ellos, nada; en el mundo normal (en el que vivo) una pequeña cosa: el personaje en turno no puso sus direccionales, avisando a qué lado iba a dar vuelta. Sí, esos pequeños cuadros de colores que tienen los carros a los costados y que brillan de forma intermitente para dar señal de la dirección que  van a tomar.

No sé por qué a la gente le cuesta tanto levantar o empujar hacia abajo esa palanca que activa las direccionales y que además vuelve a su sitio original de manera muy inteligente, después de que la curva se ha terminado.

No hablamos de una palanca colosal que está al otro lado del tablero y que tienes que arriesgar tu vida impulsando todo tu cuerpo para alcanzarla, es sólo una pequeña e inocente palanquita que con un mínimo esfuerzo jalas o empujas para crear la señal. Por si fuera poco está a sólo unos centímetros del volante, es una ganga ¿no?

El único beneficio que encuentras en este tipo de situaciones, es que si no terminas debajo del carro o como volador olímpico, vas desarrollando poco a poco tus habilidades de spiderman, ya que el imbécil en turno, no es el único.

¿Que estará pensando aquel personaje que se desveló y sufrió hace años para sacar a flote este funcional invento y que por lo práctico, es colocado en cualquier carro en la faz de la tierra? Yo me estaría revolcando en mi tumba… … cuando se haga un invento que de verdad sirva para mejorar la calidad de vida es necesario adoptarlo y darle uso, para eso se inventan.

Foto: matt.hintsa

Alejandro Cadavid

Alejandro Cadavid

¿Cómo me podré describir sin sonar extraño? Aunque, ahora que lo pienso, soy extraño. Cinco años de universidad me han dejado con esquilas creativas en mi cerebro y pocas palabras en mi boca, sólo que cuando hablo, no es para recitar poesía precisamente. Leer más

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