De apodos y sus demonios

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Sólo un comentario ante las personas indicadas y en el momento justo, son suficientes para ser marcado con un atinado y casi siempre descriptivo apodo, que va desde lo gracioso-soportable hasta lo peyorativo-castrante.

Si logras tener suerte, ya creces con uno que te asigna la familia, que aunque vergonzoso (como “el nene”, “chicho”, “chipitín”, “tito”, “tachuela”…etc.) no llega a ser hiriente y por lo regular tiende a ser tolerable, carismático, infantil y no es molesto los primeros 25 años de vida. Y es que estamos de acuerdo que “Don chipitín” no da distinción ante los compañeros de la oficina, pero por lo regular sólo lo recuerdan los familiares más cercanos.

Pero si tus allegados, amigos, compañeros de primaria o secundaria, y sobre todo enemigos no te conocen con alguno de los anteriores sobrenombres, es para temblar ya que nunca falta el clásico “castrocito” del salón que apunta y dispara, que está al pendiente de cualquier detalle y es el autorizado para bautizar a quien se le cruce en el camino. Así que como buen depredador elige a una presa de toda la manada, espera con calma, prepara los colmillos y en el momento indicado se suelta a decir: “¿Ya se fijaron?, el pinche Toño se parece a Gonzo”. La reacción inmediata de la manada es comprobar lo dicho (como si hiciera falta, ante indiscreta nariz del señalado Antonio) y después la víctima no podrá seguir honrando más el nombre del abuelo general de la revolución, porque a “Pepe” el “castrozo” se le ocurrió compararlo con un muppet.

Por los rasgos físicos se ponen muchos apodos, pero también por el comportamiento, en el caso de las mujeres: “la tierra” (porque es de quien la trabaja), o por acciones memorables, nunca falta que a alguien después chocar le digan “la Cenicienta” (porque el coche se le hizo calabaza) o los apodos basados en personajes de televisión, nunca falta que en las canchas de fútbol exista un “Chanfle”.

Si alguno de los siguientes casos te es familiar (si eres “el gonzo” no me guardes rencor, ya pasaron muchos años) la única opción para salvar el honor es simple: busca un buen sobrenombre para quién te lo puso a ti o escoge otra víctima, que a fin de cuentas es un ciclo que no se puede frenar y aunque tu apodo difícilmente se borra, las personas gustan de lo fresco, lo actual, lo cotidiano y buscar un apodo nuevo para alguien siempre alivia el dolor y ayuda un poco a olvidar.

Foto: Edwin Nollen

Carlos Irán

8 COMENTARIOS

  1. Orale «CARLOS»

    no había considerado el daño que ocasiona un apodo, como mencionas suena gracioso y divierte, pero marcas a alguien de por vida, o al menos hasta que acabe el ciclo escolar, yo era muy dada a poner apodos, desde mi perspectiva cero ofensivos, pero si creativos, orale! me siento, pa no desmayarme jajajaja
    ay no la frase es «me siento culpable» cuantas vidas dejé un sello personal, mmm, bueno ni tan culpable, todos eran mis amigos y jamás recibí queja, entonces eran aceptados, fiu, ya me siento mejor.

    En mis primeros once años de vida me llamarón «rufi» porque es el día en que nací, (entonces por que me pusieron de otra forma?, chale, los enigmas de la vida), después «morena o negra» por ser un poco más oscurita que mis hermanos»
    hasta que aparecieron en mi vida los tamales, las tortas y los tacos y me quede con el de «Kuino» o «peggy», por aquellos de los kilitos de más, cosa que no me desagrada, todo depende en el tono que lo digan jajajajaja.

    salu2.

    • Hola YEYANDRA, es verdad los apodos marcan pero no es para sentirse culpable, en todo caso da cierto orgullo ser el creativo detrás de toda la risa.

      Los apodos suelen ser ofensivos hasta que dejas de tomarlos en serio.

      Gracias por tomarte la molestia de leer y espero sigas visitando este sitio.

      Gracias

  2. Muy buen punto Carlos!!!…

    Y es que a todos nos ha tocado algún apodo, algunos buenos otros verdaderamente canallas…jajaja…

    Te faltaron los apodos a los profes…jajaja…Yo di clases por muchos años en el Benavente y ya se imaginarán la cantidad de apodos que escuché, algunos no los digo porque l@s prof@s ya murieron, pero algunos quedaron de por vida…»La Gallina», «El Cuervo», «Pinocho»…jajaja…

    A mi me pusieron apodos que no pasaron a la historia afortunadamente, «Cantinflas», «Tío pantuflas», «Tío cacharpas», «Montoya» en este último apodo mandaron hacer una cartulina de Montoya el de Plaza Sésamo y lo pusimos en la pared del salón…jajaja…qué recuerdos…

    Un abrazote…Diego.

  3. chispas mi rocky senti «re-feo»… y es k cuando has sido una niña nerd en la secundaria y eres victima de todos los apodos, no es muy grato recordarlo… jeje bueno creo k me puse un poco emo, en realidad solo senti un «deja-vu» pero esa etapa de burlas ya esta super superada… jeje

    te mando mil besos… me encanto

  4. Hola!!!
    si si disculpa por desaparecerme pero, me da miedo q me vayan a poner un apodo y por eso no kiero q me vean jajajajajajaja.

    oye ese de «la tierra» está increible, cruel, pero como no es mio… xD

    Muy buen artículo :)!! aaaah creces tan rápido!!

    Sigue así y q haya muxas gelatinas verdes en tu vida 😛

    Buena vibra!!!

  5. A mi me decian uno muy malo: me decian «POPO»
    la razon era abzurda… solo por un papel que decia eso y lo leí, y al rato me lo dijeron…

    Ahora me dicen «El Chino»

    pero si… a veces cuesta olvida este tipo de etapas

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