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Falta de confianza

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Hoy les cuento la triste historia de una mujer engañada por un hombre. Creerán que de éstas hay muchas, pero ésta es diferente, no tiene nada que ver con el amor, todo lo contrario.

Hace algunos años recibí en un negocito que tenía, a un hombre joven de no mala apariencia que decía representar a un grupo de feligreses de la Iglesia de la colonia, me pidió un donativo que serviría para organizar la fiesta del patrono de la comunidad que estaba próxima a celebrarse.

No recuerdo bien, pero creo que mi donativo fue de 10 pesos (medio miserable la comadre), la verdad estaba muy ocupada y por quitármelo de encima le di lo que tenía  en ese momento. Enseguida y como comprobante de que ya había colaborado, me dio un «boletito» que me brindaba la oportunidad de participar en una rifa en la que podía ganarme una televisión de veintitantas pulgadas ó una videocasetera ó un horno eléctrico. Cuando el individuo partió aventé el dichoso boleto en lo más recóndito de uno de mis cajones y no volví a acordarme del asunto.

Dos meses después, mientras disfrutaba de un cafecito con una amiga, se acerca a mí un señor muy amable (no era el mismo) , me dice mi nombre y  acto seguido me felicita por haber sido la afortunada ganadora de una televisión a color de veintitantas pulgadas que se había rifado en la fiesta patronal.  Yo, entre desconfiada y emocionada le dije a mi amiga que me esperara mientras iba por la contraparte del boleto que me pedía el señor, chistosa mi amiga porque todavía rozaba mi brazo diciéndome –“Pásame tantita suerte canija”.

Es oportuno que les comente justo en este momento, que dos semanas antes mi cuñado había sufrido una extorsión similar, por cierto todos nos burlamos de él por haber sido tan ingenuo, así es que en el momento en que iba subiendo las escaleras para entregar le el boleto al sujeto en cuestión, una alarmita sonó en mi interior. Algo me indicaba que me estaban tratando de ver la cara, fíjense, para una vez que se activa mi intuición femenina y no la aprovecho.

Hasta me atreví a comentarle al tipo que no me latía mucho el asunto porque algo similar le había pasado a un familiar tiempo antes, bueno hasta se ofendió diciéndome que ellos trabajaban en la iglesia por el bien de los fieles y que nunca engañarían a nadie; me dio direcciones y teléfonos de sus supuestas oficinas, realmente me hizo sentir mal.

En fin el hecho es que cuando le di el boleto “premiado” checó los datos y me dijo que por la tarde me llevaría mi televisión a color de veintitantas pulgadas con un valor en el mercado de $5,890.00  pero que para poder sacar la factura necesitaba que yo le diera 700 pesos, era lo único que me pedían porque la iglesia no podía absorber ese gasto.  Por fortuna solamente llevaba en mi cartera 250 pesos mismos que le di y con mucha pena le ofrecí que cuando me entregara la televisión de veintitantas pulgadas (jajajajaja) le daba el resto.

La verdad me salió barato el chiste, si hubiera traído los 700 pesos seguro se los doy, la verdad me inspiró confianza.  Lo que me salió caro fue tener que aguantar las burlas y regaños de la gente a mi alrededor.

No lo van a creer pero a veces soy, o era tan ingenua, que durante algunas semanas esperé al monito con la ilusión de que aparecería con mi televisión de veintitantas pulgadas, que por supuesto, nunca llegó.

Desconfíen hasta de su propia sombra.  Dicen que la burra no era arisca… Hasta la próxima.

Foto: Arwen Abendstern

Ana Cristina Sánchez

Ana Cristina

¿Quién soy? ¡Que pregunta! A veces ni yo misma lo sé. Veamos. Me encanta el frío, pero añoro el verano. La indecisión es una de mis más fieles compañeras, me gustan tantas cosas en la vida que cuando tengo que elegir, la labor se complica. <a href="https://estamosalaire.com/acerca-de/staff/ana-cristina-sanchez/"><em>Leer más</em></a>