Cuando convives con una persona durante mucho tiempo, ésta puede llegar a ser muy importante en tu vida, es más puede llegar a convertirse en parte de tu familia.
En mi caso, cuando entré a maternal, conocí sin duda a gran parte de mi “familia”. Les explico:
Desde maternal hasta preparatoria estudié en la misma escuela. Por alguna razón nunca quise cambiarme a otra, aunque ahora que lo pienso estoy segura que era por mis amigos. En ese transcurso (16 años para ser exactos) cambiamos de maestros, de salón, de útiles y hasta de compañeros.
Pero habíamos como 10 o 15 de nosotros que no nos movíamos, pasaban los años y seguíamos juntos, creciendo juntos, tal cual, como una familia. Saliendo de la preparatoria, como siempre pasa, nos separamos por asuntos de la universidad y del trabajo nos dejamos de ver un buen tiempo. Cada uno estaba haciendo su vida aparte.
Siempre que nos veíamos, prometíamos juntarnos más seguido, nunca dejar que pasara mucho tiempo entre una reunión y otra. Estar al pendiente de todos y lo más importante ser siempre unidos como cuando íbamos en la escuela.
Hasta que hace poco nos reunimos y aunque fue grato ver a todas aquellas personas el motivo del reencuentro no lo fue. Uno de nosotros ya no estaba, esa familia que se había formado desde hacía muchos, muchísimos años, había perdido a un integrante, uno de nosotros había fallecido.
Después de varios intentos de reunirnos, lo hicimos para despedir a una amiga, llorando, abrazados, agarrados de las manos y estando en el patio de la escuela que algún día nos vio jugar, prometimos una vez más seguirnos la pista. Prometimos no volver a esperar tanto tiempo para reunirnos, al fin y al cabo siempre seremos esa “familia” unida que se formó desde maternal.
Realmente espero que ahora esa promesa si se cumpla.
Foto: gusuval
Jessica Ovalle Avalos