Ante todo, la clase

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¿Cuántas maldiciones tienen en su repertorio para expresar algún tipo de molestia? Hace poco escuché una variedad interminable de vituperios, todos ellos elegantes y de buen gusto. Dirigirse a un mesero que agregó tragos a la cuenta –y que además insinuó que por borrachos no nos percatamos- como este “mequetrefe”, debe ser un aliciente para salir avante del desaguisado con clase.

“Pícaro malandrín”, decían los antiguos.  ¡Cáspita! exclamaban los sorprendidos. ¡Recórcholis! comentaban los ñoños. Los más comunes decían “¡madres!”.

Pelafustán, mequetrefe,  pusilánime,  piltrafa, bazofia, son sólo algunos de los insultos que, por ser poco comunes, confunden al ofendido.

Por ejemplo, no es correcto que un caballero diga “una daifa de poca monta”.

Hay otras formas. Unos que no son elegantes, pero sí descriptivos: “patealatas”, “trepapeseras”, “pagaconcambio”, “subemaletas”, etc.

En fin, si ya le van a entrar a ponerse “al kilo” con alguien, búsquenle para que haya variedad.

Verisón 1

Les cuento. Hoy alguien me llamó y me dijo: “tengo que hablar contigo”. ¡Repámpanos!, pensé. ¿De qué se tratará?

Acto seguido, entré a una oficina donde una mujer me recibió. “Espere un momento”, me dijo con una sonrisa que adornaba sus hermosos ojos color miel. ¡Zamboma, qué mujer! Dije para mis adentros.

Finalmente ingresé al salón donde ya me esperaba el alto ejecutivo. Platicamos. El tema, seguramente no es de su interés. Y aunque fuera lo contrario, no se los contaré. ¡Carambolas! dirá usted, y tendrá toda la razón.

Finalmente, salí del sitio de reunión. Me esperaba un elegante caballero que gentilmente me acompañó a la cita.

Versión 2

Hoy me habló un güey, que quiere verme. ¿Qué carajos quiere?

Fui a su oficina y la “secre” estaba de un bien… ¡Qué ojotes! Dije. El tema que traté les vale gorro y háganle como quieran.

Cuando terminé, un compa me esperaba para largarnos de ahí.

Hay diferencia, ¿no?

Foto: ruurmo

Manuel Frausto Urízar

2 COMENTARIOS

  1. Totalmente de acuerdo, llega un momento que incluso es divertido confundir a la persona cuando hablas con distintos «términos». Eso sí, me ha tocado que me la apliquen y antes de que comienzen a reirse de mí (yo lo haría) prefiero paracer un pequeño y preguntar «¿qué significa? no entiendo»

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