Anne y Jean-Louis, tan sólo 50 años después

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Alfredo Naime

En una de mis columnas de febrero pasado me referí a Un hombre y una mujer (1966; Francia), de Claude Lelouch, cinta en la que Jean-Louis Duroc (Jean-Louis Trintignant) y Anne Gauthier (Anouk Aimée) –el hombre y la mujer aludidos por el título, ambos viudos sin que el otro lo sepa– se conocen en el internado de sus hijos. De a poco, cada uno va revelándose frente a su nuevo amigo, para explorar (con inicial cautela) la posibilidad de que su relación florezca. Su tema musical homónimo, compuesto por Francis Lai, se convirtió a lo largo y ancho del planeta en un distintivo inolvidable. En su momento, la película obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes y el Oscar en dos categorías: film en lengua extranjera y guion original. Los más viejos de la comarca recordamos que se le promocionó con esta suave pero contundente sugerencia: Véanla con alguien que amen. Justo dos décadas después, en 1986, Lelouch hizo Un hombre y una mujer: 20 años después, bien asumida y actuada por los mismos intérpretes, pero más bien inerme, con apenas vestigios de la magia del film de partida.

Y bueno, en 2019 el turno fue para Los años más bellos de una vida –hoy en cartelera– en la que Lelouch vuelve a reunir a Trintignant y Aimée, octogenarios, en recuerdo de su inolvidable affaire. Su delgada línea argumental parte de saber que Jean-Louis es interno de un asilo de ancianos, con su salud muy frágil y signos de que pierde la memoria. Pero hay algo que no olvida: su romance, 50 años atrás, con una mujer llamada Anne, de la que habla recurrentemente y con detalles. De ahí que su hijo Antoine (Antoine Sire), preocupado, decida buscar a Anne, con la ilusión de que visite a su padre para que, tal vez, su presencia aclare la mente del otrora popular corredor de autos. En efecto, Anne visita a Jean-Louis, lo que da lugar a una emotiva cadena de vivencias y recuerdos, que construyen a Los años más bellos de una vida con imágenes propias, pero también con sueños, poemas y, en especial, con imágenes del clásico original, quizá en rango excesivo. No mucho más, pero suficiente para esa serena nostalgia que es siempre grata: de los protagonistas, por supuesto, pero también, en alto grado, de quienes en su momento vimos Un hombre y una mujer y de inmediato la convertimos en uno de nuestros referentes cinematográficos atesorados. La cinta final del romance entre Anne y Jean-Louis, más allá de su propia identidad, es un homenaje a la película que le dio origen. ¿Debe verse antes de ver la actual? Sin ser indispensable, preferiblemente sí, para llegar empapados de lo que, cinco décadas atrás (en un momento definitorio), tanto significó el uno para el otro. Esto último se hace presente de manera conmovedora en los acercamientos a los rostros ajados de ambos seniors, que transparentan la profundidad de sus respectivos sentimientos. Los años más bellos de una vida, por cierto, terminó siendo la última película de Trintignant, fallecido en junio de este 2022.

Por otro lado, se avecinan en salas estrenos de esos que se antojan. Uno de ellos, el thriller criminal El sastre de la mafia (The outfit), de Graham Moore, con el ganador del Oscar Mark Rylance (Puente de espías) y la preciosa Zoey Deutch. Una lástima que su título en español revele de más por dónde marcha la película, cuyo atinado tagline es Todo sospechoso encaja en un patrón. Otro es el drama histórico Amsterdam, de David O. Russell –ubicado en la década de los 30s– con un reparto en verdad impresionante, en el que están, entre otros, Christian Bale, Margot Robbie, Anya Taylor-Joy, Michael Shannon, Taylor Swift, Rami Malek e incluso Robert De Niro. También a tener en cuenta, El prodigio (Au bout des doigts), sobre un joven rebelde, de los suburbios de París, que mantiene en secreto su devoción por la música, algo más bien “impropio” del contexto en el que crece. Pues que lleguen pronto, porque ya nos merecemos incentivos en cartelera.

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