ADIOS Y GRACIAS, MASTER EASTWOOD

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ADIOS Y GRACIAS, MASTER EASTWOOD

Alfredo Naime

Independientemente del ámbito, en cualesquiera de ellos las verdaderas leyendas no son
muchas; y en el del cine, una de ellas dijo adiós. Clint Eastwood anunció su retiro, justo
ahora que cumplió 96 años. A lo largo de su carrera, el nacido en San Francisco, California,
participó en alrededor de 80 películas, como actor, director y/o productor. Recibió cuatro
premios Oscar, por Los imperdonables (Unforgiven; 1992) –mejor película y mejor
director– y por Golpes del destino (Million dollar baby; 2004), también mejor película y
mejor director. ¿Algo más? Sí; otros 170 reconocimientos de todo tipo, por todo el mundo.
Al paso de los años escribí sobre muchas de sus películas. Permítanme recordar, en esta
columna, algunos de aquellos párrafos, sin modificaciones…
Un mundo perfecto (1993). Relato sobre Haynes (Kevin Costner), un convicto en
fuga no tanto de la cárcel, sino de una infancia lacerante marcada por el maltrato y
abandono de un mal padre. Dicho pasado le revive con la presencia de un niño al que
primero hace rehén y después “cómplice”, a partir de que también carga una historia de
padre ausente. Claro, alguien los persigue: un sheriff (Eastwood) en cierta forma agobiado
por una decisión tal vez equivocada, que muchos años antes tomó sobre el todavía
jovenzuelo Haynes. Cinta definida por la complejidad de sus personajes, en buena medida
títeres de un sino fatalista. La fórmula es inteligente: un malo frente a la oportunidad de
redención, un bueno en lucha con el arrepentimiento y un niño ávido de figura paterna, todo
en el contexto de la fuga. Río Místico (2003). Sean Penn, Tim Robbins y Kevin Bacon se
hacen cargo de los papeles centrales, en un argumento que a partir del asesinato de una
adolescente, transita por un emocional proceso de venganza. Este film puede verse como el
regreso de Clint Eastwood al realismo trágico de Los imperdonables y de Un mundo
perfecto. Si como actor el tipo se forjó ya un lugar legendario, como director –qué buena
noticia– pisa firme y fuerte por el mismo camino.
Golpes del destino (2004). Maggie (Hilary Swank), de 31 años –nunca bien tratada
por la vida– tiene la inderrotable ilusión de boxear profesionalmente. Por eso busca como
manager a Frankie (Eastwood), quien finalmente, a regañadientes, accede a prepararla.
Tras una serie de victorias, un golpe ilegal, marrullero, cambia el panorama de Maggie. Sin
alternativas, su sueño debe cambiar: morir, para “vivir”. Película plena, conmovedora,
sabia, en la que el boxeo es metáfora de la vida y de su cruel fragilidad. Gran Torino
(2008). El viudo Walt Kowalski (Eastwood) –hosco septuagenario prejuicioso, veterano de
la guerra de Corea– decide intervenir para evitar que Thao, su joven y nuevo vecino
asiático, caiga en la vida pandilleril del barrio y sea devorado por ella. Todo a raíz de que
Thao ha intentado robarle su atesorado Gran Torino 1972; el áspero e inesperado inicio de
una genuina relación de amistad entre ambos. Desde su argumento de redención y
expiación, Gran Torino confirma la solidez del cine de Clint Eastwood, siempre diáfano y
honesto, cuya constante es la de subordinarse al rasgo principal de una humanidad a
enaltecer y/o defender, cuando en predicamento. Una película para agradecerse, que tiene la
resonancia y el lirismo suficientes para conmover, para cuestionar y para llevarnos a
reflexión. El caso Richard Jewell (2019). Recoge la historia del agente del título (un
Security), cuya intervención salvó de la muerte a decenas de personas la noche del atentado
explosivo en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Un héroe irrefutable, hasta que –días
después– un periódico lo ofrece como principal sospechoso del ataque, desde un supuesto
perfil “terrorista”. Film que ventila, en sinergias no tan obvias ni simples, temas relativos a
ética, celebridad mediática, atención inescrupulosa, difamación y privacidad, con los ya
acostumbrados foco social y sencillez de su sensible director. Adiós y gracias, Maestro.

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