MÉXICO 86: LOS MUNDIALES NO LLEGAN SOLOS

Alfredo Naime
Publicado por
Alfredo Naime
Publicado porAlfredo Naime
Comentarios, recomendaciones y consejos para apreciar el séptimo arte, vertidos por el más reconocido crítico de cine en Puebla y zonas aledañas. Disfruta su videoblog.
Lo lees en 5 minutos
MÉXICO 86: LOS MUNDIALES NO LLEGAN SOLOS

Alfredo Naime

En México 86, película de Gabriel Ripstein producida por Netflix, corre 1983. Martín de la Torre (Diego Luna) es funcionario de segundo nivel de la Federación Mexicana de Futbol (FEMEXFUT); se siente minusvalorado por su jefe y, por ende, impedido de crecer. Eso sí, tiene contactos; entre ellos un tal José Ramón Fernández (Juan Pablo Fernández Gutiérrez de Quevedo), a quien suele filtrar información sensible, a cambio de “compensaciones”. En un arranque nacido de la frustración, convence a Fernández de entrevistarlo en televisión nacional, apenas después de que Colombia anuncia su renuncia como sede del Mundial de 1986, que abre tal posibilidad a México. Inesperadamente, en la entrevista de la Torre ataca con todo al Presidente de la FEMEXFUT, su jefe, tachándolo de holgazán, incompetente y sin genuino interés por el futbol nacional. Alguien, según Martín, que pone en riesgo las chances de México de lograr su 2ª sede mundialista. Todo esto, reitero, frente a las cámaras de TV, en horario prime. Claro, el filoso ex abrupto no pasa desapercibido. Al día siguiente Martín es llamado a las oficinas de Emilio Azcárraga Milmo (Daniel Giménez Cacho), el mismísimo “Tigre”, dueño del futbol mexicano. Más o menos lo recibe con un “¿Así que quieres quitarle la chamba a tu jefe, no cabrón?”. Avasallado, Martín balbucea, trastabilla, se confunde, pero insiste y finalmente articula una idea sugerente. Minutos después, sale de su reunión con el “Tigre” ya como nuevo Presidente de la FEMEXFUT, sólo porque a juicio del magnate, Martín “tiene huevos”. A partir de aquí, México 86 se convierte en el recuento (a ratos real, a ratos ficción) de cómo México —de la Torre y Guillermo Cañedo, con recursos de Azcárraga– consiguió vencer a EEUU, el otro temible contendiente, para hacerse del Mundial: atajos, dádivas, triquiñuelas y algunas muy buenas parrandas, mucho tequila incluido. Toda una hazaña, dado que a la delegación gringa la abanderaban Pelé y Henry Kissinger, entre otros influyentes poderosos. Sí, la FIFA ya era muy turbia y EEUU siempre ha tenido el poder de los dólares; pero nosotros somos me-xi-ca-nos, ¿qué no?

En esta crónica, el nombre de Martín de la Torre aparece en cursivas por no ser el del personaje real al que representa: Rafael del Castillo. El tipo pasó de ser el héroe “que trajo el Mundial”, al villano al que había que mentarle la madre un día sí y otro también. ¿Por qué? Por el caso –previo al Mundial de Italia 1990– de los “cachirules” (actas de nacimiento falsificadas, para incluir en selecciones juveniles a jugadores mayores), que a la postre dejó a México fuera de dicha Copa, justo por sanción de la FIFA. Irónicamente, quien ventiló la trampa fue el equipo de colaboradores de José Ramón Fernández, quien al menos en la película, sirvió de trampolín a Martín de la Torre con aquella entrevista. Ahora permítanme hablar de Karla Souza, hasta aquí no mencionada. Un gran trabajo; interpreta a Susana, amante de Martín, escalando hasta ser su motor, e incluso una especie de lúcida consejera. Si es o no un personaje real, no lo sé; pero está en muchas escenas, incluida esa que para mí es la mejor y más graciosa de la película. En ella, Susana “orienta” a Martín sobre cómo debe hablarle al “Tigre”, y cómo conducirse frente a él, ella asumiéndose como Azcárraga para que Martín “practique”. Una gran Karla, con Diego Luna a la altura.

México 86 es reveladora, punzante, divertida, aunque quizá no sorprendente, ya que sabemos de “FIFA-gates” a cada rato. El por qué no hincó un bisturí genuinamente crítico justo en eso –las artimañas y corruptelas– decepciona un poco, hay que decirlo. Además, es en verdad curioso que termina siendo una especie de homenaje a Rafael del Castillo, en efecto gestor de la trampa cachirules. Un aserto del film acota (como elogio) que “cambió el rumbo del futbol mexicano”. Si los creadores no se dieron cuenta, mal; si no les importó o hubo intención, peor. Por cierto: México 86 tiene una escena que claramente remite a El lobo de Wall Street, con Luna en plan DiCaprio. ¿O eso también fue sin querer queriendo?

Compartir publicación
Publicado porAlfredo Naime
Seguir
Comentarios, recomendaciones y consejos para apreciar el séptimo arte, vertidos por el más reconocido crítico de cine en Puebla y zonas aledañas. Disfruta su videoblog.
No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *