UNA VELADA CON LOS VECINOS DE ARRIBA

Alfredo Naime
Publicado por
Alfredo Naime
Publicado porAlfredo Naime
Comentarios, recomendaciones y consejos para apreciar el séptimo arte, vertidos por el más reconocido crítico de cine en Puebla y zonas aledañas. Disfruta su videoblog.
Lo lees en 5 minutos
UNA VELADA CON LOS VECINOS DE ARRIBA

Alfredo Naime

La opción ese día era ver La odisea, de Christopher Nolan, o ver La invitación, de Olivia Wilde. Me decidí por la segunda, tal vez por ser más breve (107 minutos y no los 180 del poema épico), o a lo mejor por la promesa de su “tagline”: Va a ser divertido. La invitación es un remake de la cinta española Sentimental (2020), de Cesc Gay, procedente a su vez de la obra teatral Los vecinos de arriba, del propio autor catalán. Todo tiene lugar en el apartamento –en la ciudad de San Francisco– de Joe (Seth Rogen) y Angela (la propia Olivia Wilde), un matrimonio ya de años. Es la tarde-noche en la que están por llegar Pina (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton), del mismo edificio, para una cena y velada entre vecinos. En realidad no les conocen, excepto por los breves cruces en el elevador, y sí, por el ruido de las estruendosas relaciones sexuales de la pareja invitada. Joe está más que irritado de recibirles, por varias razones: de principio, porque no recuerda que Angela le haya consultado o siquiera avisado de esa reunión; también, por el esmero de ella en los preparativos –los gastos incluidos– que Joe encuentra exagerados; y en especial, por el ya mencionado alto volumen de los amoríos de Pina y Hawk, que todos los días les alcanzan desde el techo. Tanto, que Joe advierte a su mujer que en algún momento va a poner el tema sobre la mesa, a la par de las viandas para la cena. En lo más álgido de su discusión, suena el timbre; llegan los invitados y, con ellos, el inicio de una noche que resultará parteaguas indeleble, por algunas buenas y otras no tan buenas razones. De un instante al otro, Joe y Angela quedan pues frente a frente con esos vecinos de espíritu libre, sexualmente ruidosos, que además de misteriosos son ciertamente atractivos. Las tensiones de la realidad de unos, frente al desparpajado y seguro status de los otros.

La invitación es una película adulta, en razón de los tópicos en los que se sumerge, al borde de no pocos riesgos. Tópicos como las aristas del matrimonio, el desgaste de la vida de pareja por las inercias de la rutina, los resquemores nacidos de la sensación de estancamiento, las nuevas formas de convivencia –crecientemente desafiantes de los preceptos y convencionalismos tradicionales– y, desde luego, el inevitable impacto de todo ello en las personas, lo mismo como individuos que como familia. Pero estos rasgos no son posturas de la película en ataque a lo correcto o aceptado a lo largo de la historia, sino la oportunidad –en esa sola velada, entre sólo esos cuatro protagonistas– de detenerse y reflexionar al respecto, a partir de una colisión relacional que, si bien de gruesas marcas y raspaduras, sirve para revisarnos en conciencia, para encontrar perspectiva, para redescubrir y valorar lo olvidado, a pesar de las circunstancias, de los errores y del tiempo.

Entonces, ¿La invitación es un drama sofocante? Al contrario; la directora Wilde ha conseguido transitar mayormente por la comedia (negra), con pinceladas de dolor y ternura genuinas que encuentran soporte en la agudeza y el recurrente humor de intercambios de diálogo no sólo muy bien escritos, sino también de timing impecable, cortesía de las cuatro espléndidas actuaciones. Eso sí, no es una cinta cómoda para todas las audiencias; en su transcurso predomina el lenguaje abrupto, altisonante, a ratos amargo o rencoroso, justo por la confusión y los retos de las intensas fluctuaciones emocionales. Vamos: una película de diversas capas –de esas que hasta pueden ponerte nervioso– cuyos méritos saltan por todas partes y que asume bien los riesgos de la audacia y sinceridad expresivas. La primera prueba de esto es cómo arranca su recorrido: con el letrero “Uno debería estar enamorado siempre, razón por la cual uno nunca debería casarse” (Oscar Wilde). Pero reitero: no parece ser esa la postura definitiva de la directora, aunque comparta apellido con el escritor irlandés. Más bien se inclina por que sea cada espectador quien procese y concluya la suya, tras de acompañar a las dos parejas en esa experiencia que, más y menos, marcó sus vidas.

Compartir publicación
Publicado porAlfredo Naime
Seguir
Comentarios, recomendaciones y consejos para apreciar el séptimo arte, vertidos por el más reconocido crítico de cine en Puebla y zonas aledañas. Disfruta su videoblog.
No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *