El cine de la documentalista chilena Maite Alberdi (Santiago, 1983) no me es ajeno. De ella conozco El agente topo (2020) –que no encuentro en mis archivos, lo cual indica que no la reseñé– y La memoria infinita (2023), a la que voy a recordar brevemente más adelante. Y bien, Netflix está estrenando su película más reciente: Un hijo propio (2026), relativo a un caso de 2009, completamente alucinante. Tiene que ver con Alejandra Marín Mendoza, joven mexicana cuyo anhelo de ser madre se ve roto por dos consecutivos abortos espontáneos, que no sólo generan en ella, su esposo y familia gran desilusión, sino también una presión creciente por alcanzar la maternidad. Embarazada por tercera vez, vuelve a perder el producto. Ante el temor de que su esposo la abandone debido a eso, decide ocultar el hecho; a él y a todo su entorno. Una decisión tan descabellada como frágil, sustentada en un providencial evento paralelo: justo en esos días, Alejandra conoce a Mayra, embarazada también, quien definitivamente no quiere ser madre de nuevo, por razones personales. De ahí que ambas hagan el trato: llegado el momento, Mayra “regalará” el bebé a Alejandra, para que lo presente a su familia como propio. Claro, deberá construir, durante meses, un camuflaje perfecto de apariencias y engaños, a fin de que nadie descubra que el embarazo de su querida Ale no existe. ¿Me creen ahora los adjetivos de “alucinante”, “descabellada”? Porque en efecto es cierto que, frecuentemente, la realidad supera (y por mucho) a la ficción; e igualmente reales –muy crudas– suelen ser las consecuencias.
Un hijo propio está trabajada como docudrama. Uno de sus tiempos recurre a actores jóvenes, que interpretan a Alejandra, y a Arturo su esposo, en los años de aquellos eventos definitorios; el otro, recurre y presenta a los protagonistas reales del caso, ya en nuestros días, rememorando las circunstancias y vivencias que, hace casi dos décadas, fueron los titulares y portadas de los medios informativos, igual que uno de los principales focos de atención nacional. ¿Es este de Alberdi uno de sus trabajos más acabados? No lo creo, pero tiene el mérito de recuperar lo acontecido para miles de personas que no lo supieron, o que lo habíamos olvidado. Un caso detonado por acciones de alta inconciencia, claramente perfilado al desastre, ilustrado en un film que también mueve a reflexiones sobre temas como los designios de la maternidad, las presiones sociales, los desequilibrios emocionales, y claro, no pocas aristas relacionadas. Dense la oportunidad de verlo, y más aún por tratarse de un documental mexicano.
Regreso ahora, como lo avisé al principio de esta columna, a La memoria infinita, otro de los documentales de Maite Alberdi, este sí de producción chilena y nominado al Oscar de la categoría, dos años atrás. Se centra en Augusto Góngora y Paulina Urrutia, pareja que compartió y acompañó sus vidas por 25 años. Él, periodista y activista, vivió muy de cerca los eventos e impactos del golpe de estado de Pinochet. Ella, inmersa en los ámbitos del arte, la cultura y el servicio público, gradualmente dejó todo para cuidar a Augusto, cuando se le diagnosticó Alzheimer en 2014. De esta etapa son los días y las vivencias que ilustra el film –rodado a lo largo de cuatro años, de 2018 a 2022– siendo el diario fantasma principal ese instante, a presentarse en cualquier momento, en que Augusto dejase por fin de reconocer a la Pau. Así que sobra enfatizar lo emocional-humano de toda esta experiencia. Augusto Góngora murió el 19 de mayo de 2023.
Ahora bien, concluyo esta cuartilla con la mención de que Maite Alberdi hizo ya su primera ficción. Se trata de El lugar de la otra (2024), ubicada en Chile en 1955 y basada en hechos reales. A partir de que la escritora María Carolina Geel asesina a su amante, la película narra la fascinación que el caso despierta en Mercedes (Elisa Zulueta), la asistente del juez a cargo de dictar sentencia. Pueden verla a través de Netflix.


