Después de dedicar su espacio de la semana pasada a recordar el Día Nacional del Cine Mexicano y compartir 20 películas que forman parte de sus favoritas, el Maestro Alfredo Naime regresó a la sección de Cine para detenerse en dos títulos que, desde su perspectiva, representan distintas facetas de la cinematografía nacional: Y tu mamá también y El violín.
Ambas películas pertenecen a momentos distintos del cine mexicano contemporáneo, pero comparten algo fundamental: utilizan sus historias para hablar de México, de sus contradicciones, de sus desigualdades y de las personas que lo habitan.
Como parte de esta reflexión, Naime ratificó su deseo expresado la semana anterior: larga vida al cine mexicano.
Y tu mamá también: un viaje que va mucho más allá de la playa
Dirigida por Alfonso Cuarón y estrenada en 2001, Y tu mamá también marcó uno de los primeros grandes momentos del cine mexicano del nuevo siglo.
La historia sigue a Tenoch, interpretado por Diego Luna, y Julio, interpretado por Gael García Bernal, dos jóvenes de 17 años cuya amistad se pone a prueba después de conocer a Luisa, una mujer española interpretada por Maribel Verdú.
Los tres emprenden un viaje por carretera rumbo a una playa ficticia llamada Boca del Cielo. Lo que comienza como una aventura juvenil y una competencia entre amigos por conquistar a su acompañante termina convirtiéndose en un recorrido mucho más profundo.
Durante esos cinco días, los personajes atraviesan situaciones que modifican su relación y revelan diferencias sociales, económicas y personales que permanecían ocultas detrás de su amistad.
Una road movie sobre las contradicciones de México
Para Alfredo Naime, el verdadero valor de Y tu mamá también no está únicamente en su historia de juventud, sexualidad y amistad. La película funciona también como una mirada a las contradicciones sociales y económicas de México.
El viaje hacia la playa termina siendo, paradójicamente, el comienzo de una transformación para sus protagonistas. La amistad, la competencia, la intimidad y finalmente la separación dejan una huella permanente en sus vidas.
Así, lo que inicialmente parece una película sobre dos adolescentes en busca de diversión se convierte en un relato mucho más complejo sobre clases sociales, desigualdad, amistad y el México de comienzos del siglo XXI.
El violín: cine, dignidad y justicia social
La segunda película que Naime decidió recuperar es El violín, dirigida por Francisco Vargas Quevedo y estrenada en 2005.
La película presenta una historia mucho más cruda. En medio de un contexto de violencia y represión, un grupo de habitantes de una comunidad rural es sometido por elementos militares. Las amenazas, torturas, asesinatos y desplazamientos muestran desde el comienzo un escenario marcado por el abuso y la injusticia.
En este ambiente aparece Don Plutarco, interpretado por Ángel Tavira, un hombre de edad avanzada que recorre los pueblos como músico junto con su hijo Genaro y su nieto Lucio.
Sin embargo, la música funciona como una especie de cobertura para una misión diferente: obtener información y apoyar los movimientos de una guerrilla formada por habitantes que han decidido enfrentar la violencia y marginación que padecen.
Una película construida con silencios y miradas
Uno de los elementos que distingue a El violín es su propuesta visual. El blanco y negro, la participación de personas que no eran actores profesionales y una puesta en escena cercana al documental construyen una atmósfera particularmente realista.
Naime destaca una película hecha de miradas, silencios y frases inconclusas, elementos que muchas veces dicen más que los propios diálogos.
La historia funciona como una mirada crítica hacia la desigualdad y la falta de justicia social, colocando en el centro a comunidades campesinas que históricamente han enfrentado marginación y violencia.
Los nombres detrás de El violín
Dentro de la película existe además un detalle que no pasa desapercibido para quienes conocen la historia de México.
El hijo y el nieto de Don Plutarco llevan los nombres de Genaro y Lucio, una referencia a Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas, dos figuras emblemáticas de los movimientos guerrilleros que surgieron durante las décadas de los 60 y 70 en las montañas de Guerrero.
Este elemento refuerza el vínculo de la película con la historia social y política del país, aunque la cinta evita quedar limitada a un momento o lugar específico. De esta manera, el reclamo de sus personajes puede entenderse como una reflexión mucho más amplia sobre la injusticia y la dignidad.
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