¿Por qué son importantes las abejas para el planeta?

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¿Por qué son importantes las abejas y qué podemos hacer para protegerlas?

Puede que cuando una abeja aparece cerca de nosotros, la primera reacción sea alejarnos… o buscar cómo deshacernos de ella. Pero antes de salir corriendo, hay algo importante que recordar: las abejas cumplen una de las tareas más importantes para los ecosistemas y para nuestra alimentación.

Su trabajo va mucho más allá de producir miel. Al visitar flores para alimentarse, las abejas transportan polen de una planta a otra y ayudan a que muchas especies puedan reproducirse.

De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que alrededor del 75 % de los cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos en parte, de los polinizadores. Además, la polinización influye en aproximadamente el 35 % de la producción agrícola mundial por volumen.

¿Qué hacen las abejas por el planeta?

La respuesta más sencilla es: ayudan a que las plantas puedan reproducirse.

Cuando una abeja visita una flor, el polen puede quedar adherido a su cuerpo. Al trasladarse a otra flor, parte de ese polen llega hasta ella y permite que ocurra la polinización.

Este proceso es fundamental para muchas plantas silvestres y cultivos. La FAO estima que los polinizadores contribuyen a la reproducción de 87 de los 115 principales cultivos alimentarios del mundo.

Así que sí: esa pequeña abeja que vemos volando de flor en flor está participando en un proceso que termina relacionado con alimentos que llegan a nuestra mesa.

No solo hablamos de miel

Cuando pensamos en las abejas, probablemente lo primero que viene a nuestra cabeza es un frasco de miel. Pero la miel es solamente una pequeña parte de su importancia.

La polinización ayuda a producir frutas, verduras, semillas y frutos secos, entre otros alimentos. También beneficia a plantas utilizadas para producir fibras, aceites, medicamentos y otros productos.

Además, las abejas forman parte de ecosistemas donde interactúan con plantas y otras especies. Cuando disminuyen los polinizadores, también pueden verse afectados los procesos naturales que sostienen la biodiversidad.

La FAO explica que la polinización conecta directamente los ecosistemas silvestres con la producción agrícola y que una disminución de los polinizadores puede afectar tanto la biodiversidad como los medios de vida de comunidades rurales.

¿Todas las abejas producen miel?

Aquí tenemos otra sorpresa: no todas las abejas producen miel para consumo humano ni viven en grandes colmenas.

En el planeta existen aproximadamente 25 mil especies de abejas, y muchas son silvestres. Algunas viven de manera solitaria y cumplen funciones importantes como polinizadoras.

Por eso, cuando hablamos de proteger a las abejas, no se trata únicamente de cuidar a la abeja productora de miel. También significa conservar la enorme diversidad de especies que participan en la polinización.

¿Por qué están en riesgo?

Las abejas y otros polinizadores enfrentan diferentes amenazas. No existe una sola causa responsable de todos los problemas que afectan a sus poblaciones.

Entre los factores identificados se encuentran la pérdida de hábitat, los pesticidas, las enfermedades y parásitos, la falta de alimento, el cambio climático y algunas prácticas de manejo de las colmenas.

La pérdida de flores y espacios naturales también significa menos lugares donde las abejas pueden alimentarse y reproducirse. A esto se suma el uso inadecuado de productos químicos que pueden afectar a los polinizadores.

Entonces, ¿por qué no debemos matar a una abeja?

Porque encontrarnos con una abeja no significa necesariamente que esté atacándonos. Muchas veces simplemente está buscando néctar, polen o agua.

Si una abeja entra a una casa, una opción sencilla es abrir puertas o ventanas y darle espacio para salir. También es recomendable evitar movimientos bruscos o intentar aplastarla.

Y si encontramos una colmena o un enjambre, lo mejor es mantener distancia y buscar ayuda de personas capacitadas para realizar un retiro seguro. No es recomendable intentar destruir la colmena por cuenta propia.

Eso sí: proteger a las abejas no significa ignorar nuestra seguridad. Si alguien es alérgico a las picaduras o existe una situación de riesgo, se debe mantener distancia y solicitar ayuda profesional.

¿Qué podemos hacer desde casa?

No necesitamos convertir el jardín en una reserva natural para ayudar a los polinizadores. Algunas acciones cotidianas pueden contribuir a crear mejores espacios para ellos.

  • Plantar flores y plantas nativas que proporcionen néctar y polen.
  • Evitar el uso innecesario de pesticidas, especialmente durante periodos de floración.
  • Dejar algunos espacios con vegetación en jardines y patios para favorecer la presencia de insectos.
  • Colocar agua poco profunda en exteriores, utilizando piedras o superficies donde los insectos puedan posarse sin riesgo de ahogarse.
  • No destruir colmenas o enjambres si no representan un peligro inmediato.
  • Informarse antes de actuar cuando encontremos una especie de abeja que no conozcamos.

La EPA también recomienda reducir la exposición de los polinizadores a pesticidas mediante prácticas adecuadas de aplicación y manejo, especialmente evitando fumigar cuando las abejas están buscando alimento.

Un jardín con flores también puede ser un refugio

Una de las formas más sencillas de ayudar es recuperar algo que muchas ciudades han ido perdiendo: espacios con flores y vegetación diversa.

Un pequeño jardín, un balcón con plantas o incluso algunas macetas pueden ofrecer recursos para distintos polinizadores. Lo importante es procurar plantas adecuadas para la región y evitar convertir esos espacios en lugares donde constantemente se utilizan productos que puedan dañarlos.

Además, no solamente estaremos ayudando a las abejas. Mariposas, escarabajos, moscas, avispas, murciélagos y algunas aves también participan en la polinización. La FAO señala que existen más de 200 mil especies animales que actúan como polinizadores.

Las abejas también nos están dando una señal

Los polinizadores pueden funcionar como una especie de indicador de la salud de los ecosistemas. Cuando existen condiciones adecuadas para ellos, también suele haber plantas, alimento y espacios naturales que permiten mantener una mayor diversidad.

Por eso, cuidar a las abejas no consiste únicamente en salvar a un insecto pequeño. Se trata de conservar los procesos naturales que permiten que los ecosistemas funcionen y que una parte importante de nuestros alimentos siga llegando a nuestras mesas.

La próxima vez que veas una abeja, quizá la reacción pueda ser diferente. En lugar de pensar solamente en el aguijón, podemos recordar que probablemente está haciendo su trabajo: buscar alimento, polinizar una flor y ayudar a que la naturaleza siga funcionando.

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