TRES HERMANOS Y MUCHOS DOMINGOS

Alfredo Naime
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Alfredo Naime recomienda 53 domingos, una comedia familiar tan divertida como emocional

Alfredo Naime

Directo al grano: me parece que algo de lo mejor que ahora mismo puede verse por Netflix es la comedia española 53 domingos, escrita y dirigida por Cesc Gay, basada en su propia obra de teatro. En ella, los hermanos Julián, Natalia y Víctor (respectivamente, Javier Cámara, Carmen Machi y Javier Gutiérrez) intentan reunirse –sin demasiada suerte– para hablar de su octogenario padre, quien vive solo, pero que además comienza a conducirse, ejem, “erráticamente” (por ejemplo, eso de descubrirse y mostrar sus genitales a las vecinas). Eternamente preocupada, es Nati la convocante del conciliábulo familiar, cuya orden del día incluye, además, la necesidad urgente de cambiar un foco parpadeante en el piso del anciano…y quién de ellos deberá hacerlo. La relación entre los hermanos varones es algo tensa, incómoda, a pesar de Nati –cuidadosa y conciliadora– quien a su vez da pistas de que atraviesa por un proceso de casi impensables “cambios”. Víctor es el mayor, “crecido” por el status obtenido del dinero de su suegro; Natalia la segunda, académica de amplia educación formal; Julián el pequeño, un actor sin suerte ni dinero, con eventuales papeles menores o en anuncios (además, resentido con Víctor, a quien considera un clasista fatuo y desconsiderado. Pero al fin y al cabo hermanos, tienen por delante esa reunión a desahogar. Y sí, finalmente –en el sencillo departamento de Julián— se sientan a la mesa “a discutir sobre papá”, no sin que antes afloren sentimientos diversos, resabios de muchos desencuentros emocionales, que desde luego les tienen, a los tres, en alerta y con la sensibilidad a flor de piel.

En 53 domingos, la backstory de contexto –y ciertas puntuaciones subsecuentes– son ofrecidas por Carolina (Alexandra Jiménez), la muy consecuente e inteligente pareja de Julián. Lo hace “rompiendo la 4ª pared”; es decir, hablándonos directamente, con su mirada y fraseo justo hacia la cámara. Como “sólo” es cuñada, no participa mucho en los eventos, pero sí de manera importante. Se torna testigo de las crispantes tensiones entre el trío, todo actuado a la perfección por Cámara, Machi y Gutiérrez, sin una sola duda o nota falsa. Son ellos quienes hacen de la película un deleite, a la par no sólo de la aguda escritura de Cesc Gay, sino también de su fluida dirección en ese único espacio que es el departamento de reunión. El retrato resultante a fin de cuentas es rico. Tiene que ver con adultez, claro, pero referenciada con infancia; con la actualidad y el día a día, pero igual con los recuerdos que nos definen y explican; con los avatares y sobresaltos de “ser familia” –no siempre miel sobre hojuelas– pero al paso de justo esa misma conexión: ser familia, en las duras y en las maduras. Todo sumado, 53 domingos es muy divertida, identificable, por completo gozosa, lo cual conduce a recomendarla. Veo probable que la disfruten, aunque ya se sabe: para gustos, los colores. Eso sí (sin que eso la desmerezca), me quedó la impresión de que el cierre de la cinta funciona mejor para teatro. Pero insisto: es apenas una “impresión”, y debatible. Anímense pues a ver 53 domingos, en los días y número de veces que ustedes quieran.  Por último: no lo enfaticé antes, pero Javier Cámara es un genio actuando.

Y ahora, algo –para mí– entre preocupante y curioso. Después de 17 años volví a ver Quisiera ser millonario (Slumdog millionaire), de Danny Boyle, ganadora en su momento de 8 premios Oscar. Me inquieta decirlo, pero no me acordaba de nada; de absolutamente nada. Vamos, como si nunca la hubiese visto. Conclusión: a ciertas alturas, la edad es canija. Tiene que ver con un adolescente hindú, aspirante a ganar millones en un programa de concurso de la televisión nacional. Acusado de hacer trampa, conoceremos la historia de vida del chico, criado en las calles de un barrio lumpen, así como los eventos que de primera mano le revelaron muchas de las respuestas dadas en el concurso. Un film sin duda importante, de sobresaliente humanidad. ¿Cómo fue que se borró de mi cabeza?

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