Hay fines de semana donde el protagonista no es un piloto.
Ni siquiera un equipo.
En Austria, el verdadero protagonista fue el calor.
Porque sí, George Russell ganó el Gran Premio, pero esta carrera terminó definiéndose por quién logró sobrevivir mejor a las condiciones extremas del circuito y no necesariamente por quién tenía el coche más rápido.
Desde el sábado Mercedes ya había dejado claro que tenía ritmo. George Russell consiguió una gran pole position y confirmó que el equipo alemán seguía siendo el referente de la temporada.
Sin embargo, no creo que esta haya sido la mejor carrera de Russell.
Fue una carrera inteligente.
Mantuvo el ritmo, administró la ventaja y aprovechó que tenía el mejor monoplaza del fin de semana. Incluso me queda la sensación de que, si Kimi Antonelli hubiera estado detrás de él desde el inicio, probablemente la historia habría sido distinta.
Pero las carreras no se ganan con los «hubiera», sino con constancia. Y Russell hizo exactamente eso.
Ahora bien, si hubo un factor que cambió absolutamente todo fue el calor.
Las altas temperaturas provocaron una degradación enorme en los neumáticos y obligaron a prácticamente todos los equipos a pensar más en administrar el ritmo que en atacar.
Incluso varios monoplazas comenzaron a sufrir problemas de temperatura en distintos componentes.
Y el caso más preocupante fue el de Cadillac.
Por segundo Gran Premio consecutivo, ambos autos abandonaron por problemas relacionados con el sistema de frenos. Lo más llamativo es que el equipo había introducido mejoras precisamente para solucionar el enfriamiento del coche… y simplemente no funcionaron.
¿Es preocupante?
Sí.
Pero también hay que ponerlo en contexto.
Cadillac apenas vive su primera temporada en Fórmula 1 y este tipo de errores forman parte del proceso de desarrollo. Lo importante ahora será comprobar qué tan rápido logran corregir un problema que ya dejó de parecer un caso aislado.
Del otro lado estuvo Max Verstappen.
Después del accidente que sufrió en la clasificación cuando buscaba la pole, muchos pensaban que tendría un fin de semana complicado.
Y terminó demostrando todo lo contrario.
Consiguió un segundo lugar que habla mucho más del talento de Max que del nivel actual de Red Bull.
Porque sí, Verstappen volvió a demostrar por qué este circuito siempre se le ha dado tan bien, pero el rendimiento del otro Red Bull, el de Isack Hadjar, dejó claro que el equipo todavía está lejos del nivel de Mercedes.
Y si alguien volvió a demostrar consistencia fue Kimi Antonelli.
Terminó tercero, pero dejó la sensación de que una vuelta más habría cambiado completamente el resultado.
En el cierre de la carrera logró colocarse a menos de un segundo de Verstappen y estuvo muy cerca de arrebatarle el segundo lugar. No fue un problema de estrategia; simplemente el tiempo no le alcanzó.
Ferrari, por su parte, vivió un fin de semana con sensaciones encontradas.
Ya sabían que Austria sería un circuito complicado por el calor y la degradación de neumáticos, y eso terminó reflejándose en la carrera.
La estrategia se centró en Lewis Hamilton, quien arrancó con buen ritmo, pero fue perdiendo rendimiento conforme avanzaban las vueltas. Mientras tanto, Charles Leclerc terminó pagando el precio de esa apuesta estratégica y cayó hasta la octava posición.
Y luego está McLaren.
Sigue sumando puntos.
Sigue siendo competitivo.
Pero empieza a instalarse en una especie de tierra de nadie.
No está lo suficientemente cerca para pelear victorias, pero tampoco tiene un rival directo que constantemente lo ponga en aprietos.
Austria dejó una enseñanza muy clara.
Mercedes sigue siendo el equipo a vencer.
Pero incluso el mejor coche necesita sobrevivir cuando las condiciones cambian.
Porque este fin de semana, el calor terminó siendo el verdadero protagonista del Gran Premio de Austria.
Para Estamos Al Aire, Iker Carmona.


