¿Por qué en México no tomamos agua de la llave?

Redacción
Publicado por
Lo lees en 8 minutos
¿Por qué en México no tomamos agua de la llave?

Hay una escena que se repite prácticamente todos los días en millones de hogares mexicanos: abrimos la llave, dejamos correr el agua y, aunque la usamos para bañarnos, lavar los trastes o cocinar, preferimos no tomarla directamente.

En su lugar, compramos un garrafón, instalamos un filtro o tenemos un purificador en casa. Pero, ¿por qué en México se volvió tan común no beber agua directamente de la llave?

La respuesta no es simplemente que “el agua de la llave está sucia”. En realidad, el problema es mucho más complejo y tiene que ver con todo el recorrido que hace el agua desde que sale de una fuente de abastecimiento hasta que llega a nuestro vaso.

El agua sí puede ser potable

Primero hay que romper un mito. En México existe una norma específica para establecer los parámetros de calidad que debe cumplir el agua destinada al consumo humano: la NOM-127-SSA1-2021, actualmente vigente.

Esta norma establece límites para diferentes características físicas, químicas y microbiológicas del agua. Además, la COFEPRIS realiza programas de vigilancia para revisar la calidad del agua distribuida por los sistemas de abastecimiento.

Es decir, que el agua salga de una llave no significa automáticamente que sea no potable. El detalle está en lo que ocurre durante su recorrido.

Del sistema de abastecimiento a nuestra casa

El proceso comienza con la captación del agua, continúa con su tratamiento y después pasa por sistemas de almacenamiento, bombeo y redes de distribución antes de llegar a los hogares.

Profeco explica que el suministro de agua potable incluye precisamente etapas de captación, conducción, tratamiento, almacenamiento y distribución.

El problema es que la calidad que tiene el agua en el punto de tratamiento no necesariamente será idéntica a la que encontramos después en nuestra vivienda.

El viaje por las tuberías

Una de las razones es la propia infraestructura. El agua puede recorrer largas distancias antes de llegar a una casa y, dependiendo de las condiciones de la red, pueden existir problemas relacionados con fugas, interrupciones del servicio, presión o mantenimiento.

Además, cuando el suministro no es continuo, muchas viviendas necesitan almacenar agua en tinacos o cisternas. El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua ha señalado que el tandeo favorece el uso de estos depósitos y que, cuando no reciben el mantenimiento adecuado, pueden afectar la calidad del agua almacenada.

El tinaco también importa

Y aquí aparece uno de los grandes protagonistas de la historia: el tinaco.

Podemos tener agua que cumple con los parámetros de calidad cuando entra al sistema de distribución, pero si llega a un depósito sin tapa, con suciedad o que lleva demasiado tiempo sin limpiarse, la situación puede cambiar.

Por eso las condiciones de las instalaciones domésticas son importantes. Las autoridades recomiendan mantener los depósitos protegidos y realizar su limpieza periódicamente.

¿Y qué pasa con el cloro?

Ese sabor u olor particular que algunas personas detectan en el agua también puede influir en nuestra percepción.

El cloro residual se utiliza para ayudar a mantener la desinfección del agua durante su distribución. Por eso encontrar una cantidad controlada de cloro no significa necesariamente que el agua esté contaminada; forma parte de los procesos de desinfección.

De hecho, COFEPRIS incluye el monitoreo del cloro residual libre dentro de sus programas de vigilancia de la calidad microbiológica del agua.

Cuando sí existen problemas de calidad

Eso no significa que todos los sistemas de abastecimiento funcionen perfectamente.

Un ejemplo cercano es el análisis realizado por COFEPRIS en municipios de la cuenca del Alto Atoyac. En muestras tomadas en 2022, la autoridad encontró que 50% de las tomas domiciliarias analizadas en municipios de Puebla presentaban una concentración de cloro residual por debajo del rango establecido entonces por la norma utilizada en el estudio. La autoridad señaló que una desinfección deficiente puede representar un riesgo por contaminantes bacterianos.

El mismo estudio encontró una toma domiciliaria en Natívitas, Tlaxcala, con una concentración de plomo superior al límite establecido en la norma entonces aplicable, por lo que se solicitó revisar el sistema de distribución para identificar el origen.

Estos casos también ayudan a entender por qué la respuesta no puede ser simplemente “el agua de México es mala”. La calidad puede variar dependiendo de la fuente, el sistema de abastecimiento, la zona y las condiciones de distribución y almacenamiento.

Entonces, ¿por qué compramos tantos garrafones?

Hay una explicación sanitaria, pero también existe una explicación cultural.

Durante décadas, en México se hizo común comprar agua embotellada o de garrafón. Para muchas familias se convirtió en una rutina tan normal que hoy resulta extraño imaginar que alguien llene un vaso directamente de la llave y se lo tome sin pensarlo.

Profeco reconoce que, pese al proceso de potabilización y distribución, el consumo de agua embotellada y de garrafón es muy común en México.

También influye la confianza. Si alguna vez abriste la llave y salió agua con color extraño, sedimentos, olor diferente o simplemente conoces los problemas de la red de tu zona, es lógico que prefieras filtrarla o comprarla.

¿Es seguro tomar agua directamente de la llave?

No existe una respuesta única para todo México.

Que sea recomendable beberla depende de la calidad del sistema de abastecimiento de tu localidad y, además, de las condiciones de las instalaciones de tu vivienda. La autoridad sanitaria vigila los sistemas públicos y existen normas que establecen los parámetros que debe cumplir el agua para consumo humano.

Por eso, si tienes dudas sobre el agua de tu zona, lo más prudente es consultar los reportes de calidad del organismo operador o de la autoridad sanitaria correspondiente y revisar también las condiciones de tu tinaco, cisterna, filtros y tuberías.

La verdadera pregunta no es solamente “¿puedo tomarla?”

La historia del agua de la llave en México nos deja una pregunta mucho más grande: ¿por qué necesitamos desconfiar del agua que llega a nuestras casas?

La respuesta involucra infraestructura, mantenimiento, continuidad del servicio, tratamiento, vigilancia y también hábitos que hemos construido durante generaciones.

Porque abrir la llave y beber un vaso de agua debería ser una de las cosas más sencillas del mundo. Y aunque México cuenta con normas y sistemas de vigilancia para garantizar su calidad, el reto está en lograr que esa confianza se mantenga desde la fuente hasta el último metro de tubería que llega a cada hogar.

Estamos en todas partes. 📍 El agua que llega a nuestras casas y las preguntas que todos nos hacemos en estamosalaire.com

ESTAMOS HABLANDO DE:
Compartir publicación
No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *