Si de trilogías se trata, Luis Estrada acaba de completar la suya, pretendida o no. Después de La ley de Herodes (1999) –importantísima como parteaguas que puso nombres y apellidos a la política mexicana– vino Un mundo maravilloso (2006) como variante del mismo tema –los vericuetos del poder y sus corruptelas– para llegar a la recién estrenada El infierno, en la que el panorama nacional evoluciona hasta su escenario más terrible: el de un país poseso y controlado por el narco, convertido en no otra cosa que el infierno aquí y ahora.

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