Es hora de definir lo mejor del desfalleciente 2016 en cuanto al cine exhibido en las salas comerciales locales. Juzgo por supuesto sólo lo que vi en ellas, que fueron 116 films hasta el momento en que escribo. En estricto orden alfabético, las siguientes 25 me parecieron las películas más significativas: Bruja, La (The witch: a New England folktale; Robert Eggers); Chronic: el último paciente (Chronic; Michel Franco); Clan, El (Pablo Trapero); 45 años (45 years; Andrew Haigh); Enemigo invisible (Eye in the sky; Gavin Hood); En primera plana (Spotlight; Tom McCarthy); Epitafio (Yulene Olaizola & Rubén Imaz); Gran apuesta, La (The big short; Adam McKay); Janis: chica azul (Janis: little girl blue; Amy J. Berg); Julieta (Pedro Almodóvar); Juventud (Youth; Paolo Sorrentino); Llegada, La (Arrival; Denis Villeneuve); Más fuerte que las bombas (Louder than bombs; Joachim Trier); Mi abuela (Grandma; Paul Weitz); No respires (Don´t breath; Fede Álvarez); Ocho más odiados, Los (The hateful eight; Quentin Tarantino); Príncipe (Prins; Sam de Jong); Renacido, El (The revenant; Alejandro Gonzáñez Iñárritu); Sing Street (John Carney); Sully: hazaña en el Hudson (Sully; Clint Eastwood); Sushi a la mexicana (East side sushi; Anthony Lucero); Taxi Teherán (Taxi; Jafar Panahi); Truman (Cesc Gay); Un hombre irracional (Irrational man; Woody Allen) y Yo (Matías Meyer).

De todas hablé a lo largo del año en este espacio, mencionando las respectivas razones que hoy las meten a esta lista. Por fortuna hay entre ellas tres películas mexicanas, a las que retomo para “recordar” sus méritos centrales. De Epitafio, en su momento escribí lo siguiente: 1519; siguiendo órdenes de Hernán Cortés, el Capitán Diego de Ordaz y dos de sus soldados se lanzan hacia la cima del Popocatépetl para confirmar si, como lo suponen, hay ahí azufre para la pólvora requerida por sus planes de conquista. El cuerpo de la película es dicho ascenso; extenuante por el extremo esfuerzo físico e inhumano por la carencia de los recursos y herramientas elementales para lograrlo. Congelándose, desfallecientes, los tres hombres suben, a cada paso con menos conciencia de la dimensión de su empresa, con la neblina y el frío geográficos ya también en su cabeza. Epitafio es por igual el resultado de una odisea histórica y de una odisea de producción. Son ambas las que dan su resonancia e impacto al film, ambientado no sólo por el alucinante paisaje, sino también por las tonalidades de su fotografía y por un soundtrack totalmente acorde.

En cuanto a Chronic: el último paciente (por cierto, hablada en inglés) este fue mi resumen: Riguroso estudio de personaje, se ocupa de David (Tim Roth), un cuidador a domicilio de pacientes terminales, que también carga cierto episodio trágico en el alma. Cinta cuidadosamente lograda –intensa en lo anímico, no tanto en su fachada– cuya contención, su evidente tristeza, su amargura latente, la hacen no sólo enigmática, sino también seca, árida en cierto modo. Pero lo digo como un elogio, aunque parezca lo contrario. Su abrupto final no es un artificio tramposo, sino el cierre adecuado –e impactante– para un film que, como su personaje, ya no tenía adonde ir. Y finalmente, esto mencioné de Yo, en junio pasado: Vale la pena acercarse a Yo, film ganador del Festival de Morelia. El personaje central así se llama, Yo (Raúl Silva Gómez), un chaval de edad indefinida, cuerpo enorme y muchos miedos, que sólo quiere demostrar al mundo que no es tonto (y de paso, también zafarse de la rutina). Vive a un costado de la carretera y lo más excitante en su vida es mirar el paso de los tráileres, a los que, como saludo, les pide sonar sus bocinas. Pero un día, al restaurante familiar llega Elena, una niña de 11 años… No es en balde, pues, que el director Matías Meyer afirme que le gusta “jugar con la perversidad del espectador”. Seguiré con este balance fílmico del 2016 la próxima semana, si Dios me presta vida.

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