En verdad vale la pena ver La maestra del kínder (The kindergarten teacher), 2º largometraje de Sara Colangelo, remake de la película israelita homónima –del 2014–escrita y dirigida por Nadav Lapid, premiada en no pocos festivales internacionales. En esta versión, Maggie Gyllenhaal interpreta a Lisa, profesora de mediana edad que trabaja con párvulos. Mujer sensible, amante de la poesía, en sus ratos libres asiste a un seminario para desarrollar su escritura, con resultados medianos. Una mañana –absolutamente de la nada– Jimmy Roy (Parker Sevac), uno de sus alumnos (de sólo 5 años) declama un poema, no por sencillo menos hermoso. Boquiabierta, Lisa descubre que se trata de algo escrito por el pequeño, a partir de lo cual se obsesiona con la idea de proteger a Jimmy, a su talento; un talento que se confirma los días siguientes, con nuevos poemas maravillosos. Pero Lisa no sólo se conmueve; también se trastoca de formas insospechadas. Ya sólo piensa y se reconoce en una única cosa: Jimmy

Pausada pero inequívocamente, La maestra del kínder va convirtiéndose en una película espeluznante, en buena medida por cómo y cuanto Maggie Gyllenhaal se absorbe en su personaje. De entrada, Lisa pudiera ser una mujer plena, pero toda su insatisfacción, sus inseguridades, sus anhelos truncos, afloran en cuanto se le materializa un pretexto, en la forma de un niño prodigio. Pero lo apabullante es que ese pretexto –relativamente natural y comprensible– no hace que Lisa enfoque y piense, sino justo lo contrario: la confunde, tornándola irreflexiva. Lo único que cree entender es que el universo entero tiene 5 años y que ya no hay destino, ni futuro, ni anhelos que no se le vinculen. Es así que la película genera pasmo; la sensación de que cuanto narra no es creíble. Sin embargo, por alguna razón lo creemos, dejándonos conducir por los vericuetos de un discurso que tiene no poco: incomodidad, complejidad psicológica, urgencia emocional, giros y sentimientos (sentimientos inquietantes, sin duda alguna). Además, Lisa está poco explicada –casi no tiene backstory— lo que no sólo sorprende al espectador, sino también lo deja en libertad de hacer todo tipo de conjeturas. La maestra del kínder es pues una película retadora y de tensión alta, aunque su fachada diga otra cosa. A mi entender, es de lo más absorbente e interesante que ha llegado este año.

Y como justo finaliza el 2018, revisemos brevemente lo que no tarda para los cinéfilos del mundo (México ya es otra cosa), sabiendo que el último mes de cada año suele ofrecer films relevantes, en vísperas de la temporada de premios. Así, son varios los títulos que ya esperamos con alta expectativa. Entre ellos, La mula, de (y con) Clint Eastwood, en torno a un nonagenario que en EEUU es atrapado transportando –para un cártel mexicano– un cargamento millonario de droga. Completan el reparto Bradley Cooper y el siempre notable Michael Peña. Por igual, Ben está de regreso, de Peter Hedges, un drama de familia en el que Julia Roberts interpreta a una madre que debe cobijar a un hijo con problemas, en su retorno a casa. Lucas Hedges (el de Manchester junto al mar) es quien encarna al joven. También, Si Beale Street pudiera hablar, 3er largometraje de Barry Jenkins (director de la aclamada Luz de luna), sobre una mujer embarazada de Harlem en lucha por demostrar la inocencia de su prometido, acusado de un crimen. Y desde luego Capharnaüm, de la talentosa realizadora libanesa Nadine Labaki, en la que un niño de 12 años –de vida caótica, que cae preso por una acción criminal– demanda a sus padres, literal, por darle la vida, lo que él interpreta como “negligencia”. No me olvido, claro, de El regreso de Mary Poppins, de Rob Marshall; de Stan & Ollie, de Jon S. Baird (sobre esos a quienes nosotros llamamos el Gordo y el Flaco) y de No han de llegar a viejos, documental de Peter Jackson sobre la 1ª Guerra Mundial, a cien años de su conclusión.

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