Soy el primer sorprendido: lo que leen es el número 1,000 de esta columna semanal sobre cine, presente todos los viernes –desde hace casi 20 años– en La Jornada de Oriente. Como ejercicio de disciplina no ha sido fácil, pero escribirla me ha resultado siempre grato. Según mis registros, en estos 1,000 números he hablado de casi 1,900 películas; de algunas con hondura y de otras sólo referencial o contextualmente. En la columna #500 me referí a una película llamada Ruleta rusa en vivo (Live!), de la cual ya ni siquiera me acuerdo. Y en la #750 hablé de Al mejor postor (La migliore offerta), de Giuseppe Tornatore; de La vida de Adele (La vie d’Adéle), de Abdellatif Kechiche, y de Persiguiendo la música (Jersey boys), de Clint Eastwood. Mil columnas, pues; cuatro dígitos de aquí para adelante y hasta donde lleguemos. A los lectores, gracias por su paciencia; a directivos y compañeros de La Jornada de Oriente, gracias por su confianza.

Ahora, entro a lo que semanalmente corresponde. Estrenó Nosotros (Us), thriller de horror del mismo Jordan Peele realizador de ¡Huye! (Get out!), que hace un par de años nos tomó por sorpresa, tornándose uno de los mejores films de 2017. Durante un viaje a la playa, una familia –el matrimonio y dos hijos– se encuentra, literal, con sus “réplicas”; es decir, otra familia que luce como ellos, pero que además les confronta con violencia. ¿Por qué su rencor? Porque como réplicas que son, viven apartados en el inframundo, en túneles subterráneos, resintiendo el que sus pares “originales” disfruten en el exterior de sus cómodas vidas al sol, plenas y gratificantes. Pero las réplicas del mundo –todas– lo tienen ya muy claro: su momento ha llegado y lo harán valer sin escrúpulos.

Resultado de esto (que suena bizarro), Nosotros es un film muy inquietante, con su idea de que todos tenemos un “yo paralelo” sombrío, deformado, resentido y rencoroso con nosotros mismos. Peele recurre a elementos tanto evidentes como simbólicos para bordar sobre el tema: tijeras recurrentes (peligrosas y de dos partes idénticas), pasajes bíblicos (Jeremías 11:11), confusos juegos de espejos (¿soy origen o reflejo?), el rojo imperante en las réplicas (¿tintes del infierno?), obscuridad imperante (tanto externa como íntima), el fuego (destructor, no “purificador”), etc. Todo eslabonado hacia un giro argumental que deriva en algo aún más espeluznante. Nosotros es pues notable y opción preferencial de la cartelera vigente. Quizá explica de más, lo cual he tratado de evitar aquí, optando por una mirada más “esférica” que detallada. Si ven Nosotros van a entender por qué.

A considerar también, Ni en sueños (Long shot) es una comedia romántica atípica, no dulzona, ocurrente e irreverente, que involucra a la Secretary of State estadounidense (Charlize Theron) y al “combativo” periodista desempleado (Seth Rogen), de quien ella fue niñera 25 años antes. Se reencuentran cuando la dama decide postular a la Presidencia y le urge alguien que le escriba sus discursos de campaña. Un reencuentro que acerca más y más a estos dos que poco o nada tienen en común, ¿o sí? Ni en sueños es no sólo divertida, sino más inteligente (y claridosa) de lo que parece. La guapa Theron sabe hacer comedia, mientras que Rogen, como siempre, parece no estar actuando de tan cómodo en su hábitat natural. Por supuesto, en Ni en sueños hay notaciones tanto paródicas como críticas a los intrincados modos de la política, pero al final del día todo está al servicio del romance en turno, porque también en las esferas del poder hay a quien les late el corazoncito. La dirige Jonathan Levine y es de esas películas sexy(s) y ocurrentes que siempre estamos buscando.

Insistiendo en ella, decir además que tiene un soundtrack deleitoso, que ofrece, entre otros, temas como Moon River (cantado por Frank Ocean), It must have been love (por Roxette), Bridge over troubled water (por Aretha Franklin) y hasta el tango (¡tangazo!) Por una cabeza (por The Tango Project). Es todo; de nuevo, gracias mil veces.

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