Es curioso y muchas veces odioso el efecto que causan en algunas personas la fama , el dinero y el poder. Pareciera que por tener alguna de estas características pudieran pisotear a quien se les atraviesa en el camino.
Conozco a tres personas que por desgracia me tocó convivir con ellas en su “nueva etapa de vida”. Tengo referencias de que antes de tener dinero o haber sobresalido en la actividad que desarrollan actualmente eran sencillas, agradables, detallistas y no se dedicaban a pregonar a los ocho vientos el sin número de logros que las han llevado a ser “alguien” en la vida. Yo me pregunto: ¿antes de tener dinero no eran “alguien”?
Sinceramente me da tristeza ver que ciertas personas se sientan valoradas o apreciadas por el coche que traen, la casa en la que viven, la escuela a la que van sus hijos o por las relaciones que tienen con gente “importante”, llámese políticos, empresarios o artistas.
Siempre he creído que la sencillez es uno de los valores más importantes en un ser humano. Todos tenemos defectos y virtudes y cada quien nace con un talento especial, que algunos no lo desarrollen es diferente, pero en esencia todos somos iguales.
Que padre que puedas comprarte un coche del año, o vestir un traje Hugo Boss en una fiesta o llevar unos zapatos carísimos, pero eso no te hace más que el que está a tu lado y no tiene lo que tú. El colmo son aquellos que además tienen que decir lo que les costó el traperío que traen encima para que todo el mundo sepa que gastaron una lanota, ¡por Dios!, el que sabe gastar y está acostumbrado a las cosas buenas o caras no tiene que hacerlo notar, ¡es evidente!
Finalmente el portar un reloj fino o ropa de marca no te da más clase, dice el dicho que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” .
Pobres de aquellos que enfocan su valor en el dinero o el poder, porque cuando alguno de éstos falta, todo lo que eran se esfuma.
Quiero aclarar que no estoy criticando a los ricos, ni siquiera los envidio, incluso tengo la fortuna de conocer personas con mucho dinero, que saben darle el valor que éste tiene y son sencillísimas. El tener dinero te da seguridad, tranquilidad, comodidad, pero no el poder de sentirte más que los demás, aunque algunos así lo crean.
Recuerdo en este momento la frase: “Era tan pobre que no tenía más que dinero”, de la canción de Joaquín Sabina “Pobre Cristina”, que contaba la historia de Cristina Onassis, hija de uno de los hombres más ricos del mundo a mediados del siglo pasado, y que acabó suicidándose por tener una vida totalmente vacía.
Todo esto que les platico hoy surgió porque hace unos días mi hija me comentaba de una niñita que conoció en una fiesta y que se dedicó toda la tarde a presumir de sus “Crocs” nuevas, su playera de lagarto, la camioneta de su mami, su pelo rubio, etc.
El comentario de mi hija fue: “se cree la muy, muy». Me da risa esa frase, y se suele usar con frecuencia, “la muy, muy” ¿queee??, se me ocurre la muy muy chiras pelas, para que combine con lo anterior.
Lo único que pude contestarle a mi hija fue: -también puedes creerte la «muy muy» cuando sepas que siempre vas a contar con gente que te ayude cuando tienes un problema, que te reciben con una sonrisa cuando llegas, que te van a visitar cuando te enfermas, que te comparten lo poco o mucho que tienen y que te hacen sentir importante, por lo que eres y no por lo que tienes.
Yo tengo poco efectivo, pero mucho afectivo y eso me hace sentir la “muy muy”.
Hasta pronto.
Foto: NovakaneMX
Ana Cristina Sánchez