Con cierta frecuencia uno se topa con películas que se sienten “diferentes”, por razones entre las que puede estar su audacia para contravenir todo eso que comúnmente conocemos como corrección política. Hay quien las acepta, hay quien no. Tal es el caso de Bottoms (2023), de Emma Seligman, nacida de un guion suyo y de Rachel Sennott. Es una comedia de high-schoolers, cuyas protagonistas son PJ (la propia Sennott) y Josie (Ayo Edebiri), niñas gay, mejores amigas desde la infancia, que se auto-asumen como “feas, impopulares y sin talento alguno”. Ambas quieren perder su virginidad antes de irse a la universidad, soñando que pueda ser con sus respectivos crush: Brittany (Kaia Gerber) e Isabel (Havana Rose Liu). Claro, esto pasa como misión imposible, puesto que se trata de chicas hermosas y populares que…ni siquiera les dirigen la palabra. Pero una situación azarosa –que casi les cuesta la escuela– las lleva a inventarse una iniciativa tan original como descabellada: formar un club de la pelea femenino. Oficialmente, para entrenar y “empoderar” a las chicas ante las “tantas y diarias amenazas” de un entorno híper-machista; pero en realidad, para que PJ y Josie se saquen la presión que hay sobre ellas, y por qué no (ya entrados en gastos), para entablar amistades que eventualmente puedan llevarlas a cumplir lo de ya no ser vírgenes. El club es un éxito, pero también se sale de control; se descubre la intención de fondo, pasando cosas que rompen amistades. ¿Podrán PJ y Josie redimirse ante sus compañeras, que se sienten heridas, engañadas?
Bottoms es todo un caso. Cual lo sugerí al principio, es antes que nada una película subversiva, a la que de principio a fin se le nota el propósito de hacer saltar por los aires cualquier recato pudibundo. Abundan las palabrotas (la f-word sobre todo), las referencias sexuales, los escarceos (homo y hetero), una tendencia a la venganzas, e incluso a la violencia (con terrorismo juvenil incluido). En fin, incorrecciones de todo tipo que, más y menos, “inquietan” nuestras buenas conciencias. Pero ojo: todo esto brota –quiero dejarlo claro– de una suerte de higiene, de asepsia, que resulta extraña dadas las circunstancias. Una higiene nacida de la muy evidente intención de satirizar, que no deja títere con cabeza: satirizar al machismo, al feminismo, a las inercias colegiales y sus artificios, al bullying incluso, a las fraternidades, a los profes, a las “gestas” deportivas, a sus porristas. Vamos, a las convenciones de todo tipo, igual que a cualquier noción idílica relativa a los años dorados del “cole”, que no acaban de serlo entre tanto menso alucinado por los estándares de popularidad y la necesidad de reconocimiento. Para conseguirlo, la directora Seligman acierta en la apuesta de caricaturizar y/o estereotipar a todos los personajes, excepto a PJ y Josie (superlativamente actuadas, por cierto). Ellas sí que encarnan como “reales” en sus dimensiones física, psicológica y relacional, para ser puerta de entrada y cauce a lo que Bottoms resulta: una película descocada, atrevida, en sus términos muy disfrutable, que por todo lo apuntado puede no ser para todos los gustos. Pasa por Amazon Prime.
Y bien, en los Globos de Oro la principal ganadora fue Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, que recogió los trofeos: a película de comedia(?), director, guion y actriz de reparto. El mejor drama fue Hamnet, de Chloé Zhao, con su estelar Jessie Buckley reconocida como actriz dramática. Film internacional, El agente secreto (Brasil), de Kleber Mendonca Filho, con su estelar Wagner Moura elegido mejor actor en un drama. En salas sólo ha pasado la primera, pero que lleguen las otras ya es inminente. Durante la ceremonia, Nikki Glaser, su conductora, hizo muchas buenas bromas. Una de las mejores la siguiente, dirigiéndose a Leonardo DiCaprio: “¡Vaya carrera has tenido! Innumerables actuaciones icónicas, trabajando con los mejores directores; ganador de tres Globes y un Oscar. Y lo que más impresiona: todo lo has conseguido antes de que tu novia cumpla los 30”.
